martes, 21 de abril de 2015

Discutir el cambio climático

Se puede hacer de varias formas.
La que lleva más tiempo, pero es la más racional, es la de someter los datos observados a crítica igualmente racional, es decir, intersubjetiva ("no es que yo lo crea, sino que lo que yo creo lo puedes creer tú por esto y por esto, a no ser que me pruebes lo contrario y entonces yo lo aceptaré"). Aquí puede verse un caso a propósito de la discutida situación de la Antártida: si su reducción es real, si es natural o es efecto de la actividad humana. Las conclusiones son problemáticas para todas las opciones.
La extrema es "matar al mensajero", sobre todo cuando se trata de proyectos concretos e inmediatos. Aquí  vienen los casos producidos recientemente: 116 asesinatos en 2014 de conocidos activistas medioambientales. Otros, como dice la poco sospechosa BBC, fueron  "Activists (who) also faced abduction and other threats if they interfered in corporate or state interests". Los intereses empresariales o gubernamentales tienen prioridad sobre esas vidas que siempre se podrá decir que se oponían al progreso y al crecimiento basados en creencias erróneas sobre los efectos de la actividad en el mediambiente. Pero el derecho a defender determinados parajes (por los motivos que sean, estéticos, religiosos) me parece importante. Es ahí donde entran los Derechos de la Naturaleza, reconocidos en la última Constitución ecuatoriana.
Lo que es ridículo y sospechoso (como ya he contado aquí) es prohibir orwellianamente hablar del tema.
Ya se sabe: razón, violencia directa, violencia estructural. Y lo que nos jugamos como especie no es baladí.

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