lunes, 27 de abril de 2015

Criminalística avanzada

Confieso que me gustan las series en las que expertos criminalistas, expertos en la ciencia forense, son capaces de encontrar al asesino basados en pequeñas manchas, mínimos desconchados, gotas de sangre y hasta de un pelo hallado en la escena del crimen. Alguna vez he leído o visto por televisión algunas entrevistas a especialistas españoles en tales técnicas: "Nosotros podemos hacer lo mismo. Lo que es ficción es la rapidez con que se consiguen resultados". Sea. Pero vean esta imagen que proporciona Fusion.
Santae Tribble. (photo: Washington Post/Getty)
Se trata de un señor que fue condenado con relativa rapidez (40 minutos) por un jurado que comprendió que la prueba que presentaba el científico criminalista era concluyente: un pelo en la escena del crimen. Fue condenado a 20 años (estaríamos en 1978). La prueba del ADN era concluyente. Lástima que el pelo fuese de un perro. Como suena.
El caso ha levantado dudas sobre otras condenas producidas "antes del año 2000" que incluyen algunas penas de muerte, algunas de las cuales ya perpetradas. El artículo que cito está lleno de detalles escabrosos sobre esta fe en la ciencia criminalística que, por supuesto, ahora, ante tales errores, ha reducido su entusiasmo aunque sigue funcionando la ciencia para aportar pruebas sobre la autoría de delitos de todo tipo.
Es un caso más de entusiasmo quasi-religioso por lo que la ciencia puede producir. Que la ciencia puede aportar y aporta muchísimo a la vida y muerte de los ciudadanos, es evidente. Pero también son perceptibles estos casos de fe que consisten en ver solo lo positivo, obviar lo negativo y conseguir así una visión beatífica de una actividad humana que, como todas ellas, tiene luces y sombras.
Esto ya no es criminalística para encontrar al culpable (cómo se le encuentre es otra historia) sino ciencia para aplicar la pena. Escuché hace poco una entusiasta alabanza a los drones, eficaces, precisos, seguros y sin riesgo para el que los manipula. Al día siguiente venía la noticia de los "asesinatos extrajudiciales" perpetrados por uno de tales drones: buscando a un "malo" (al que no se había juzgado, pero sí condenado a muerte) habían muerto numerosas personas que pasaban por allí y nada tenían que ver con el asunto. Hoy encuentro que buscando a 41 "malos", se ha acabado matando a 1.147 ajenos a tal "maldad" (Véanse el gráfico y los datos aquí) Evidentemente, eso no es terrorismo: es un pequeño error de precisión o un "efecto colateral". Terrorismo es lo que hacen los "malos" y nosotros somos "buenos". Terrorismo solo es cuando las víctimas son "nuestras". Qué paciencia hay que tener. Que se lo digan a los condenados erróneamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario