lunes, 2 de marzo de 2015

Religiones y violencia

Hay religiones pacíficas y religiones violentas, ¿cierto? Pues no estoy tan seguro. Se habla, por ejemplo, del budismo como religión especialmente pacífica. Pero que no vayan a contárselo a algunos musulmanes y a algunos cristianos de Sri Lanka, objeto de violencia por parte de turbas budistas. Ni tampoco a los musulmanes que la han sufrido en Birmania/Mianmar.
Y si los musulmanes son violentos, no sé cómo encajan los sufíes, ni sé cómo clasificar a los cristianos que matan por defender al feto o atacan sinagogas o mezquitas.
En general, la regla tendría que ser "siempre que A, entonces B", siendo A la religión correspondiente y B el comportamiento pacífico o violento empíricamente observado. Y si se trata de un país con mayoría de alguna de las A (la católica España, la musulmana Tánger, por ejemplo) ver si siempre, a lo largo de su historia, ha sido B.
La alternativa es ir a buscar en sus textos sagrados. Ciñéndome a las religiones del Libro (Tamud, Biblia -que incluye el Antiguo Testamento judío- o Corán), es obvio que los respectivos violentos y sus respectivos pacíficos encuentran inspiración en su correspondiente texto. Véanse, si no, las interpretaciones contrapuestas al respecto. Al fin y al cabo, son textos "inspiracionales", escritos por muchas personas y, si no, a lo largo de un tiempo suficiente como para que hayan cambiado las posiciones de sus autores. Por eso se puede encontrar, dentro de los cristianos, textos que apoyan al violento cruzado Urbano II y al pacífico Francisco de Asís.
Pero es que, encima, siguiendo con esas tres religiones, verlas como algo homogéneo son ganas de saltarse lo que la realidad impone: católicos y sus variantes y protestantes y sus variantes son un conjunto muy heteroéneo. Y lo mismo puede decirse de los musulmanes y de los judíos. Demasiado diferentes de un grupo a otro como para quedarse en un "siempre que A, entonces B". Cierto que algunos de sus adeptos (de algunas de sus variantes) ahora muestran comportamientos violentos (o pacíficos, tanto da). Primero, no son siempre mayoritarios. Y, segundo, no siempre han sido así.
Quiero decir que el contexto histórico y social juega un papel muy fuerte y, de hecho, explica por qué no "siempre que A, entonces B".
La brutalidad de algunos episodios y organizaciones actuales (o pasadas, como la Inquisición) ha de verse no como "efecto" de su respectiva religión, sino como resultado de otros factores adicionales incluso más importantes que, además, explican por qué, cuando se trata de condenar tales organizaciones, se olvida el sencillo hecho de miembros de la misma variante religiosa y en su mismo espacio geográfico no muestran tales comportamientos violentos o, sencillamente, se dedican a financiarlos mientras son recibidos en los mejores salones "occidentales". A fin de cuentas, no se trata de una Enszustand, de un estadio final, sino del resultado de un proceso: el de la radicalización., que puede darse apartándose del origen.
Seguiré intentando aclararme en este embrollo, pero siempre intentando no caer en los dos escollos que amenazan la comprensión del problema: el simplismo y el refugio en la "complexité de la complexité". El primero, es útil para los que quieren movilizar opiniones y ánimos. Aunque hay quien piensa que "la verdad es revolucionaria", el hecho es que muchos revolucionarios lo han sido a partir de falsedades, errores o mentiras. El segundo, es acusado de lo opuesto, de desmovilizador y, por tanto, de defensor del status quo. 
Para los que temen un nuevo fascismo en el mundo, comprendo que lo vean tanto entre los violentos brutales como entre los simplistas "revolucionariios". O "reformistas" si se prefiere. Tal vez sea cierto lo que el evangelista Juan ponía en boca de Jesús de Nazaret: aquello de que "la verdad os hará libres". Pero, como le diría, siempre según los evangelistas, el romano Pilatos, escéptico, "¿qué es la verdad?" (ejemplo este último de acudir a los textos sagrados para encontrar los pasajes que encajan con la propia postura previa. Podría haber escogido, del mismo evangelista, "Yo soy el Camino, la Verdad, y la Vida").

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