lunes, 16 de marzo de 2015

Razones para dudar

Sé que el ser humano busca certezas. El fundamentalismo es su forma más extrema: el tomar un libro sagrado (Biblia, Torah, Corán, Das Kapital etc.) como fuente absoluta de conocimiento y verdad que ha de ser tomada literalmente, digan lo que digan los descreídos, gentiles, infieles, alienados etc.
Sin llegar a tanto, la búsqueda de certezas aparece también cuando se trata de las relaciones entre gobiernos (o entre países, estados, naciones, pueblos). Desgraciadamente, es imposible tener acceso directo a todas esas cuestiones, así que no queda otro remedio que confiar en las fuentes (gobiernos, sus agencias, los medios, internet). El problema es que lo que nos dicen puede cambiar con el tiempo o ser, sencillamente, mentira o, si parece excesivo, digamos que manipulación.
El que lo que hoy es blanco mañana puede ser negro es más frecuente de lo que parece. El caso inmediato es el malo malísimo que era Bashar al-Asad, opresor de su pueblo, intransigente dictador, violento. Era tan malo que los Estados Unidos podían estar de acuerdo con la franquicia de Al Qaeda que operaba en Siria por aquello de que el enemigo (Al Qaeda) de mi enemigo (Al Asad) es mi amigo. Cierto que Al Qaeda había sido el enemigo desde antes del 11-S, pero evidente desde el 11-S. Pero ahí ya había habido un cambio: el (autodenominado) Estado Islámico, Daesh. Y ahora resulta que nuestro hombre en el lugar resulta ser... ¡Al Asad! Con él habrá que conversar, negociar y llegar a acuerdos contra el EI.
Cómo no recordar cómo cambió la actitud ante Gadafi, en Libia, sin que Gadafi cambiase mucho en su política: fue malo malísismo (1986-1988), de ahí pasó a ser nuestro amigo (que se lo digan al expresidente Aznar -2004 y sigs.- y al ministro de Exteriores Moratinos), para acabar siendo malo malísimo  (2011) digno de ser asesinado. Perdón, ajusticiado.
Los enemigos cambian o se crean. Para esto último, nada mejor que filtrar noticias falsas y sostenella y no enmendalla. Un caso curioso ha sido el del vuelo MH 17 de Malaysia Airlines, derribado en julio de 2014 en Ucrania, en zona problemática. También era problemática la autoría, pero a los cinco días la Inteligencia estadounidense daba por hecho que había sido Rusia y con nombres y apellidos, Vladimir Putin, razón por la que se habló de sanciones contra Rusia (algunas bastante dolorosas para... ¡los agricultores españoles! Pero esa es otra historia). La historia ahora es que esa acusación, entre dos potencias nucleares, tendría que ser muy cuidadosamente analizada. Y no lo ha sido. Con todo lo que se ha visto desde julio de 2014, la versión oficial estadounidense se mantiene inalterada. Tal vez tengan razón. Pero, insisto: hay razones para dudar de estos y otros asuntos. Si las hay para asuntos en los que uno mismo ha participado, ¿cómo no las va a haber para cosas cuya información depende de numerosos filtros, no todos honrados?
(Añadido el 22: Aquí  las razones que había, en 2002-2003, para dudar de lo que decían los medios estadounidenses sobre Irak. Porque o se engañaban o mentían a tal propósito, consciente)

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