viernes, 20 de marzo de 2015

Olimpiadas de corrupción

Obsérvese este mapa copiado de The Economist


En él se pueden ver, para los países latinoamericanos, dos tipos diferentes de datos referidos a la corrupción. Por un lado, según los colores del mapa, la percepción de la corrupción (mapamundi aquí, con referencia a casos latinoamericanos), y, por otra, en los círculos correspondientes, el porcentaje de personas que han sido objeto de un acto de corrupción (petición de coima por ejemplo).
Uruguay no genera ningún tipo de problema: la percepción es la más baja y el porcentaje de "víctimas" es también muy bajo. Como Chile. Al contrario que el Paraguay, muy alto en percepción y casi el más alto en "víctimas" Pero por el otro extremo hay interesantes discrepancias. Por ejemplo, Bolivia, que no está en el grupo de mayor percepción, tiene, sin embargo, el mayor porcentaje de "víctimas" del grupo. 
Como siempre, el problema es que se están mezclando peras con manzanas. Ambas son frutas, cierto. Pero no son exactamente la misma cosa.
Hay, por un lado, la "corrupción mosquito": el dinero que hay que pagar al policía de tráfico para que no te ponga una multa o al funcionario de aduanas para que haga la vista gorda por lo que hay en tu maleta o valija o al funcionario que extiende pasaportes o documentos de identidad para que "acelere" el proceso (jeitinho en portugués). 
Por otro lado, la "corrupción dinosaurio", el dinero que políticos, altos funcionarios (civiles y militares) y empresarios locales y extranjeros intercambian por decisiones importantes (infraestructuras, equipamiento, armamento, obras públicas, construcción etc.). 
Después está la "corrupción de país pobre" y la "corrupción de país rico", la de "país exportador de corrupción" y la de "país importador de corrupción", la de "país relativamente igualitario" y "país relativamente desigualitario", "corrupción de país exportador (de mercancías, equipamientos, recursos, finanzas)" y "corrupción de país importador". Las circunstancias en las que se produce el intercambio de "favores" cuenta mucho. Más incluso que su supuesta ética cívica, sin, por ello, quitarle importancia a la ética o la moral. Pero mejorar estas últimas sin cambiar las anteriores, tal vez no produzca tan buenos resultados como cambiar las circunstancias. Sucede algo parecido con la tasa de natalidad: si quieres que se reduzca, aumenta el nivel de vida de los habitantes y si quieres que aumente, mejora los servicios públicos, todo ello con un impacto relativamente pequeño de las creencias o preceptos morales de las religiones dominantes en cada contexto (cuando más cayó la natalidad en las Españas fue cuando el franquismo, nacionalcatólico mayores propagandas hizo a favor de tener "cuantos hijos mandara Dios").
Volviendo a la corrupción, hay otro caso curioso: el Brasil, con su porcentaje relativamente bajo de "víctimas", su situación intermedia en cuanto a percepción y las manifestaciones contra la corrupción de su gobierno central (entre un millón y dos millones -probablemente exagerados-).
La percepción, quiérase o no, depende, a su vez, de otros factores: los medios de comunicación. Y puede ser la profecía que se autorrealiza: una percepción alta aumenta las probabilidades tanto para la "corrupción mosquito" (iré a la oficina pública con el dinero por delante) como para la "corrupción dinosaurio" (si tengo que hacer una negocio, ya sé cómo tengo que conseguir el trato). Evitar las ocasiones de pecar, decían en los tiempos del nacionalcatolicismo que recibí.

1 comentario:

  1. Con referencia a la corrupción y a las Olimpiadas reales deberían estos organismos escoger países con el mínimo de corrupción porque así no mejoran la situación del país que van a apoyar con su evento.

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