miércoles, 25 de febrero de 2015

Relaciones sociales

Comprendo que alguien, profesional de la odontología por ejemplo, tienda a mirar los dientes de sus interlocutores al primer encuentro. Que los propios sean realmente hermosos les resulta irrelevante. Es lo que se llama deformación profesional. Mi comadre quiteña sabía, nada más verme, si tenía que decir eso de "te hace falta una limpieza" (de boca, se entiende)
Mi deformación profesional consiste en ver relaciones sociales donde otros ven otra cosa. Entendámonos, la percepción dentista no se queda en los dientes sino que ve muchas más cosas (ojos bonitos, conversación inteligente o lo que sea y su contrario). Tampoco yo me quedo en las relaciones sociales, pero es lo primero que me planteo. Por ejemplo frente al Pequeño Príncipe o también el Principito (representé una adaptación al teatro en mi lejana juventud. Con Grieg, Rachmaninov y Rodrigo como temas de fondo. Como dato anecdótico diré que el que hizo de aviador terminó de ministro en su país.Y lo hizo bien)

Cuatro relaciones en la obra:
1. Las relativamente superficiales: las que se establecen entre el principito y los habitantes de los sucesivos planetas que va recorriendo en su viaje desde su planeta a la Tierra ("y así bajó hacia la guerra, perdón, quise decir a la Tierra"). Pueden ser las relaciones entre la mayoría de miembros de un club que se reúne periódicamente, almuerzan, charlan y se va cada cual a su planeta, sea de geógrafo, de rey o de borracho. No son relaciones irrelevantes. Tienen sentido, pero se agotan en sí mismas.
2. La relación que lleva del trato a la amistad. "Domestícame" le dice el zorro al principito. Tratarse, con frecuencia, sin agendas previas, ocupados en la comprensión del misterio de la otra persona, con tolerancia de las diferencias pero sin ocultarlas. Amore, more, ore, re servantur amicitiae.
3. La relación de cuidado que se convierte en amor, en Eros. Es la del principito con su rosa. De tanto cuidarla, ha terminado amándola profundamente y deseando poder regresar a su planeta para seguir regándola y evitando que las raíces del baobab acaben con ella.
4. Pero hay más: la relación del principito con la serpiente. Freud hablaría, al respecto, de Principio de Muerte, Thánatos. Literariamente se plantea como el deseo del principito de regresar a su planeta, pero es, me parece, una visión del suicidio, un derecho, creo yo, de todo ser humano cuando ve que ya todo está hecho.  Bonum certamen certavi, cursum consummavi, fidem servavi, que diría Pablo de Tarso y que otros pueden decir quedándose solo en los dos primeros puntos: valió la pena, pero se terminó el camino.
Volviendo a Saint-Exupéry, tuve un amigo que lo conoció siendo niño. Era amigo de su padre, aviador republicano exiliado en Marruecos, y recaló varias veces en su casa. Este amigo, ya fallecido, había sido el masón más antiguo y viejo de España y miembro destacado del Rotary Club, dos instituciones en las que, por necesidad del número, pueden predominar las relaciones del primer tipo bajo el ideal de que den paso a las del segundo. Que yo sepa, no ha habído casos del tercer tipo. El cuarto es personal e intransferible.
(Añadido el 26: Se me olvidaba una relación que, en la obra, juega un papel literario importante, a saber, la del principito con el aviador. Este, mayor que el jovencito, intenta entenderle, desvelar sus misterios, ayudarle y el principito, mucho más joven como digo, va a su bola y quiere que le dibuje un cordero y cosas igualmente absurdas desde el punto de vista del que ya lleva años en esta vida).

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