lunes, 23 de febrero de 2015

Que viene el lobo

Ese ha sido, habitualmente, mi comentario cuando se anunciaba, incluso en boca de personas a las que respeto intelectualmente y aprecio personalmente, el fin del sistema (capitalista, por supuesto). Se ha anunciado tantas veces que es comprensible que el escepticismo reaparezca cuando se vuelve a escuchar dicho anuncio. Ahora es a propósito de Syriza, aunque no tanto por lo que puede significar para los griegos (aunque no sea más que reduciendo la creciente tasa de suicidios que la austeridad había traído consigo) sino por lo que parece significar para el sistema en su conjunto, vistas las voces que se levantan en partes muy diferentes del Planeta planteando el fin de un sistema tal y como lo conocemos.
Eso sí: esos movimientos antisistema (es decir, que van contra los aspectos más crueles del sistema dominante y, con ellos, contra el sistema mismo) se suelen plantear como cuestiones locales, que es lo que la ciudadanía (o los súbditos, o la "gente") entiende. Por ejemplo, en las Españas Podemos habla del fin del "régimen del 78" o IU el fin del "bipartidismo". Pero no son excepción los que, desde fuera, ven ese movimiento como parte de una ola más general, la del fin del sistema tal y como lo conocemos.
No puedo evitar recordar el pobre Kondratiev, el de los ciclos largos en la economía mundial. Al hombre se le ocurrió hablar de las crisis cíclicas de dicha economía cuando la línea oficial del partido (el PCUS) era la de la "crisis terminal del sistema". En ese contexto, nuestro autor salía diciendo que no, que las crisis eran un punto en una tendencia más general y que, igual que había "vacas flacas", volvería a haber "vacas gordas" que serían seguidas por otras "vacas flacas" y así sucesivamente. Demasiado. Lo enviaron a Siberia, también por haberse opuesto a las colectivizaciones forzosas, y allí murió el desdichado. Fusilado en 1938.
Es quizá el más evidente efecto de haber negado que venía el lobo de la crisis terminal del sistema que, entonces, se "sabía" iba a ser sustituido por un sistema mucho mejor: el socialista (dejo de lado el problemilla que dio origen a la distinción entre socialistas y comunistas que dura hasta nuestros días). Pero ha habido más, aunque ahora ya no está claro qué es lo que lo sustituiría.
Sigo pensando que, aunque el sistema no solo no me gusta sino que lo encuentro detestable, el sistema tiene una notable capacidad de reacción ante las dificultades que crea su mismo funcionamiento. El "que viene el lobo" planteado por Marx fue disipado mediante la creación del Estado de Bienestar con lo que las fuerzas que, según don Karl, iban a llevar a la "crisis terminal del sistema" fueron convenientemente cooptadas y el lobo no vino.
Una parte de la crisis contemporánea (no del sistema sino en el sistema) viene por el proyecto, iniciado en tiempos de Reagan y Thatcher, de desmantelar el dicho Estado de Bienestar aumentando la desigualdad: cautivos y desarmados los que podían producir la crisis terminal, las tropas del sistema han ocupado sus últimas posiciones sociales; la guerra ha terminado (disculpen los españoles de una cierta edad por esta cita), La corrupción política y sindical es una buena prueba de dicha cooptación.
Leído con atención el artículo que cito (como síntoma, no como prueba), se puede ver que, frente a esa crisis del sistema, ya se anuncian las alternativas para que no se trate de una crisis terminal: el reformismo. Del tipo Syriza o Podemos como cité el otro día a Chomsky. Se vogliamo che tutto rimanga com'è, bisogna che tutto cambi
Todo es posible, ahora que hay que reconocer que desconocemos las supuestas Leyes de la Historia, probablemente inexistentes. Es posible, sí, que haya elementos en el sistema capitalista que le permitan re-adaptarse a las nuevas circunstancias (incluidas las energéticas y mediambientales) y que estemos ante la enésima profecía fallida de "que viene el lobo". 
Pero, de todas formas, recordemos cómo termina el cuento: el lobo, al final, vino y pilló desprevenidos a los que se habían convertido en escépticos de tantas veces que se les había anunciado equivocadamente. Y es que, si tal cosa sucede, no sería a escala local, que es en la que se mueven los partidos y sindicatos incluso los falsamente internacionalistas. Si el sistema no es "nacional", los cambios "nacionales" acaban siendo fagocitados por el sistema mundial. Que se lo digan a los bolivarianos.

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