jueves, 5 de febrero de 2015

Inútil democracia

Cuando, democráticamente, llegó Allende al poder en Chile, Kissinger dijo algo así como que no iban a permitir que un pueblo votase de manera tan equivocada. La idea de fondo es que los votantes pueden equivocarse, lo cual es cierto. Pero creo que es igualmente cierto que esas son precisamente las reglas del sistema democrático: el derecho de los votantes a equivocarse. Y más si no se equivocan y son otros, desde fuera, los que no están de acuerdo con los resultados de las votaciones.
El tema vuelve a plantearse ahora a propósito de la llegada de Syriza al poder en Grecia. Stiglitz lo plantea con claridad: si una mayoría de griegos ha decidido algo, en buena democracia eso es lo que hay que intentar hacer. Otra cosa es que, desde fuera, eso que hay que hacer guste o no guste, interese o no interese. La democracia, en fin de cuentas, es una regla para tomar decisiones, no un ente nebuloso y etéreo. Se trata de decidir quién gobierna y con qué programa, y se decide respetando la regla de que es la mayoría la que cuenta.
Claro, hay problemas. Qué pasa con las minorías, qué sucede con los programas electorales mentirosos (como fue el del PP en las últimas elecciones generales), cómo se cocinan las mayorías mediante coaliciones que alteran el programa inicial etc. etc. Es, en efecto, y siguiendo el manido dicho, el peor de los sistemas exceptuando todos los demás. Pero es el que es.
Por eso resulta curioso ese intento, desde fuera, de alterar el sentido de un voto. Reconozcamos, entonces, que eso de que la soberanía reside en el pueblo es una exageración. Y todavía más si esa "soberanía" tiene que someterse a los dictados de entidades no-democráticas como el FMI o el BCE (he estado a punto de añadir la Comisión Europea, pero me he contenido). 
Total que, como dice el texto que he citado, la democracia tiene que someterse a una entidad superior: la economía. En este caso. con evidencia. La cuestión es si eso se aplica a todos los casos y, sopresivamente, nos encontramos con el marxismo de catecismo según el cual "la economía es el determinante en última instancia". Ironías de la vida.
Pero encuentro algo más. Y es que esta huida hacia lo abstracto en las causas y hacia lo muy concreto en los remedios sin que haya relación entre causa y remedio, puede ser igualmente engañosa. Sucede, por ejemplo, con el caso de la pobreza (la griega, española, portuguesa, irlandesa etc. también) en este texto que lo analiza a partir de las propuestas anuales del matrimonio Gates.
Y es que "economía" y "democracia" han de ser traducidas en personas concretas, grupos de presión, empresas, instituciones igualmente concretas si queremos entender cómo funcionan realmente y no quedar atrapados en la retórica o en las masturbaciones académicas.
Y dicen aquí que los que han causado este empastre, los super-ricos, comienzan a esconderse. Democracia, ¿para qué? ¿Dictadura? No, gracias. Ni de los mercados.

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