miércoles, 18 de febrero de 2015

Contra el antisemitismo

Que la islamofobia está ganando terreno al antisemitismo, parece claro. Los partidos conservadores y ultraconservadores que, tradicionalmente, fueron anti-judíos, se están orientando ahora hacia el rechazo de árabes y musulmanes, aunque todavía queden anti-judíos. Como todas estas reacciones viscerales e irracionales, no son muy capaces de distinguir las voces de los ecos. De hecho, se sigue llamando antisemitismo a lo que tendría que llamarse anti-judaísmo (los árabes también son semitas) y otros llaman islamofobia sin distinguir entre árabes y musulmanes (el país con más musulmanes no tiene, entre sus habitantes, muchos árabes: Indonesia) y rechazando a musulmanes cuando, en realidad, rechazan a inmigrantes, no a “jeques” (musulmanes y que, en muchos casos, financian a los fundamentalistas) que van de turismo y gastan millones. En este afán por hacer distinciones y no meter todo en un mismo saco, comento, a continuación, tres reacciones de judíos muy diferentes entre sí a propósito de los asesinatos en el supermercado kosher en París el mes pasado.
Está, en primer lugar, la invitación de Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, para que los judíos franceses emigren a Israel. No es la primera vez que cursa tal invitación. Que yo sepa, ya lo hizo en 2012. En Israel encontrarán la paz y la seguridad que los yijadistas europeos les niegan. Dejemos de lado el nivel de paz y seguridad que estos posibles emigrantes encontrarían en el Israel actual y, más bien, preguntémonos por los motivos que el político puede tener para invitarles a tal cambio de residencia. La versión benévola hablaría de solidaridad entre los miembros del Pueblo Elegido y de la preocupación del gobernante por el bien de sus súbditos actuales o futuros. La versión menos benévola hablaría (y no sería la primera vez) de búsqueda de argumentos para legitimar nuevos asentamientos en terrenos todavía palestinos: la “presión demográfica” exigiría incrementar los territorios judíos hasta que Israel fuese el Estado Judío que algunos políticos israelíes propugnan. Y si se cumple el deseo de sionistas extremos (Eretz Yishrael desde el Nilo al Éufrates), pues miel sobre hojuelas. No sé quién de todos estos tiene razón. Sí sé que es diferente de lo que otros judíos han propuesto estos días.
Se trataría del rabí Menachen Margolin, director del Centro Rabínico de Europa y la Asociación Judía Europea. En una carta dirigida a los ministros del interior se solicitaba una revisión de la política sobre las armas de fuego. Para el rabino, las personas designadas para ello en comunidades e instituciones judías podrían poseer armas para la protección esencial de tales comunidades. La desconfianza de algunos judíos europeos hacia la policía de  su país de residencia es comprensible. Los pogromos, las purgas y las expulsiones forzosas han sido obra, históricamente y en muchas ocasiones, de la misma policía. ¿Cómo fiarse ahora y suponer que la policía les va a defender cuando otras veces ha sido precisamente la atacante? Claro que si toda comunidad que se siente razonablemente amenazada tiene, por ello, derecho a portar armas, la cosa puede ponerse muy complicada ya que otras comunidades, con armas legales, pueden entrar en dinámicas de acción-reacción. Al fin y al cabo, la ultraderecha europea se siente amenazada, aunque, como he dicho, no por los judíos sino por los musulmanes. Y los musulmanes se sienten amenazados por la ultraderecha. Y los judíos por unos y, sobre todo, por los otros.
La posición de Moshe Kantor, presidente del Congreso Judío Europeo, sería muy diferente de las dos anteriores. A propósito de “A European Framework National Statute for the Promotion of Tolerance”, un borrador del Consejo Europeo sobre Tolerancia y Reconciliación (ECTR) distribuido a diversos gobiernos europeos, plantea la necesidad de “proteger a todos, no solo a los judíos”, aunque, en el caso de estos, para evitar un nuevo éxodo de judíos europeos. Pero su planteamiento es general. Se trataría, entre otras medidas, de criminalizar la “aprobación explícita de una ideología totalitaria, xenófoba o antisemita”. Los límites y su concreción no quedan claros. En Alemania  o en Austria es delito negar el Holocausto, pero no lo es negar el exterminio (porraimos) de entre doscientos mil y quinientos mil gitanos o el número indeterminado de homosexuales en su Homocausto. La razón contra el negacionismo del Holocausto es, básicamente, la de evitar el “antisemitismo”. Pero no parece que se logre ilegalizándolo y dejando en manos tal vez anti-judías el dictaminar qué conductas caen bajo tal categoría. Las de Pageda, de momento, no caen.
No se excluyen. Emigrar, huir, defenderse, ilegalizar y prevenir son opciones anti-antijudías compatibles.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
Después de los atentados en Copenhague, Netanyahu ha repetido su propuesta de migración masiva de judíos a Israel. No todos los gobiernos han visto la propuesta con buenos ojos, incluidas las autoridades rabínicas europeas. El asunto me produce desasosiego ya que supone que hay un principio de pertenencia por encima de la nacionalidad. Son daneses (lo de judíos solo es relevante para los anti-judíos), no son JUDÍOS (accidentalmente daneses). Curioso caso de discriminación desde fuera. Aquí la opinión personal de un judío-británico. Complicado asunto. Eso sí, se renuevan las peticiones para armar a los judíos en Europa.
(Añadido el 23: Interesante artículo de Uri Avnery sobre el antisemitismo -antijudaísmo- en Europa, el real -que haberlo, haylo- y el inventado, que, en su opinión, no es antijudaismo lo de París y Copenhague) 

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