viernes, 2 de enero de 2015

Ponerle cara al dato

Mi querido director de tesis, napolitano hasta las cachas aunque sigue viviendo en Roma, me criticaba de manera indirecta diciendo que "se comienza hablando de lo general y se acaba diciendo generalidades". Temo que ha sido un comentario demasiado razonable como para no tenerlo en cuenta.
Una de mis defensas es intentar ponerle cara al problema que estoy tratando. Ya lo hice, en los años 60, con el Vietnam. Yo era contrario a la intervención estadounidense y en eso acababa mi análisis. Pero tuve un amigo vietnamita, por cierto fallecido recientemente habiendo pasado por un campo de concentración/reeducación y habiendo sido preso de conciencia por parte de Amnistia Internacional, que me hizo ver la otra cara de la moneda. No me hizo cambiar de "bando", pero sí darme cuenta de lo complicado que era el caso cuando vi el asunto desde su perspectiva, desde sus ojos. Empatía, pues.
Ahora me sucede con otras situaciones. La de Bolivia, la peruana, la ecuatoriana o la mexicana, donde tengo amigos igualmente y puedo ver el tema con sus ojos. Pero hay un caso extremo: Venezuela.
Anteanoche, noche de fin de año,  quedé a los pies de los caballos gracias a un mail de otro amigo que contaba los problemas de salud que estaba teniendo en medio de la crisis que atraviesa su país y que presentaba una consecuencia para su salud: falta de las medicinas apropiadas. Desabastecimiento en medio de una crisis económica y política agravada por las locas estrategias opositoras. Ni confiar en el gobierno ni en los opositores. Negros presagios, pues, intentado descartar el peor de todos: la asonada militar, un remedio peor que la enfermedad. Nada de extrañar que un amigo común, compañero de viejas aventuras, estuviese ingresado por un brote depresivo grave.
Desde la perspectiva de un tercero amigo venezolano, harto de los guarinberos, el fondo de la trama estaba intacto, pero no los efectos en su perspectiva. Si el primero señalaba problemas, el segundo echaba las culpas a solo una parte del asunto. El primero era consciente de que no todo se quedaba dentro de Venezuela: Estados Unidos, desde luego, pero no como ese "imperio" al que se le pueden echar todas las culpas para quedarse uno tranquilo, sino como un elemento a considerar, cuando el inmediato eran los precios del carburante de un sistema extractivista que ha creído que los pozos eran eternos.
Me he sentido con la misma tristeza que cuando me daba cuenta de lo que le esperaba a mi amigo vietnamita a su regreso al Vietnam, una vez terminada la guerra, y con sus principios morales intactos. Ahora es la tristeza al ver hundirse una sociedad en la que amigos queridos sufren y van a sufrir todavía más, mientras voceros de una y otra postura siguen afirmando lo bueno o lo malo que tiene el "bolivarismo".
Claro que se puede discutir de lo abstracto. Y de lo general y de las generalidades. Pero las personas son algo más que peones que los generales mueven en el campo de batalla por el poder (SU poder) o meros portadores de las estructuras a-personales. Su sufrimiento me importa. Y su liberación de las mentiras que les cuentan para que otros mantengan o logren SU poder o "cambien las estructuras", igualmente. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario