viernes, 9 de enero de 2015

Los datos son mudos

Se suele decir que "los datos hablan por sí solos". Me cuesta creerlo. Más bien, me parece que se les hace hablar y de diversas formas. Vayan algunos casos y sus correspondientes reflexiones.
Uno. Ejemplo que lo resume todo. Algo más del cuarenta por ciento de estadounidenses encuestados sigue creyendo que los invasores encontraron armas de destrucción masiva en Irak. Es verosímil, sobre todo cuando, bajando a los detalles, se ve que tal creencia está relacionada con la ideología del encuestado y con los medios de comunicación de los que obtiene información. Es obvio que yo tomo como datos los que me da esa encuesta. Perdóneseme. Pero a estas alturas parece que lo de las armas de destrucción masiva en Irak fue una mentira por parte de los políticos que iniciaron tal aventura, un medio de convencer a la opinión pública de que era la opción correcta ("créanme", diría alguno de ellos ante la televisión) y asunto sobre el que, posteriormente, se ha preferido pasar como gato sobre brasas, visto que el remedio ha sido peor que la enfermedad y visto que nadie pudo presentar prueba física de la existencia de tales armas.
Dos. Los prejuicios son un buen envoltorio que hace ver unos datos y no otros y que, al interpretarlos de una manera o de otra, se trasforma su significado. Hace unos días, en el blog vecino de Juan Torres, hubo un intercambio de mensajes y comentarios a propósito de las "food stamps" estadounidenses. Dato va, dato viene (y con notable diferencia entre el equilibrio de Torres y el "sostenella y no enmendalla" de su crítico) se discutió sobre tal asunto. En asuntos complejos como este (y puede verse aquí alguna observación adicional, con datos, claro) la interpretación se "pega" de tal forma al dato que se hace inseparable. Y la interpretación tiene que ver con la ideología del que observa.
Tres. La postura previa (parti pris) lleva a interpretar las cosas de una manera u otra. Incluso a buscar unos datos y no otros. El ejemplo puede ser la caída del precio del petróleo. No es lo mismo verla como resultado de las fuerzas del mercado (menos demanda, producida por la "crisis", y más oferta, producida por el fracking y el pánico de los estados que ven reducidos sus ingresos y pretenden compensarlo con más producción, con lo que aumentan la oferta) que verla como resultado de una "conspiración" de algunos países (Arabia Saudita en primer lugar) para reducir el papel de los Estados Unidos en dicho mercado (al bajar el precio, el fracking deja de ser rentable), pero también como una conspiración de los Estados Unidos (y otros países enriquecidos) para domeñar a algunos "emergentes", e.d. a Rusia. El problema está en que lo de la fracturación hidráulica aparece en las dos interpretaciones, con lo que tal vez ambas sean correctas, pero es probable que los que creen que el mercado energético es un mercado libre vayan hacia la primera opción, mientras que los que creen que ese mercado es tan "libre" como el financiero vayan hacia la segunda. Y encontrarán datos para reforzar su postura previa.
Cuatro. El etiquetado con que viene un problema hace que se busquen unos datos u otros o que se interpreten de manera diferente. Tomemos el caso de los asesinatos producidos en el Charlie Hebdo de París. El ataque contra la "civilización occidental" y la "libertad de expresión" será el leit motiv dominante. Pero hay problemas con los detalles que olvidan otras masacres (como la de Noruega) o balaseras (como la de Wisconsin) o bombas (como la de Colorado Spring por las mismas fechas) y, en general, que el "terrorismo" de extrema derecha ha matado a más gente en "Occidente" que el terrorismo yihadista. Más allá de la condena que tal acto merece, no habría estado de más el intentar entender qué ha podido llevar a sus perpetradores a cometer tal aberración: la cárcel donde se radicalizaron (algo insinúa Le Monde), los ambientes sociales previos (¿nadie recuerda lo sucedido con los "banlieusards" en 2005?) y las muertes producidas por drones, soldados y "contractors" en países invadidos o atacados y de mayoría musulmana. Si a "terrorismo" se le añade el adjetivo "islámico", se etiqueta una realidad de forma que se fomenten las diversas xenofobias y se revisen políticas, por otro lado discutibles. Si los asesinatos en Charlie Hebdo son injustificables (de la caricatura, aunque se vea como insultante, al asesinato hay demasiado trecho), también son injustificables los posteriores ataques a mezquitas como si todos los musulmanes fuesen culpables.
Cinco. He dicho muchas veces que "conocer es comparar". El problema es qué se compara y, sobre todo, por qué. Según el Washington Post, en los Estados Unidos hay más cárceles que universidades ("colleges" en el sentido estadounidense, no en el inglés).
Seis. Ya agotado, datos "que vaya usted a saber". Por ejemplo, este dato de Gallup según el cual el porcentaje de casos de gripe y resfriado en los Estados Unidos es el más alto desde 2008. En cambio, en Cataluña, la incidencia de la gripe es "baja" respecto a años anteriores, según La Vanguardia. ¿Y qué? Sin embargo, aquí vuelve a estar la clave: la relevancia es un juicio externo al dato y se "pega" a él. Lo que le hace hablar al dato es su relevancia y, sobre todo, la interpretación que se hace de él.
De todas maneras, no se olvide que no hay dato que, convenientemente torturado, no acabe confesando. Lo que quiere el torturador, claro.

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