miércoles, 7 de enero de 2015

Consejos inútiles

Supongo que usted, como yo, es de los que no necesitan consejos ya que saben equivocarse solos. Pero abusando del privilegio que tenemos los viejos de dar consejos a quien no nos los pide, me atrevo a dar algunos para este año electoral, de elecciones locales, generales y, tal vez, catalanas.
Primero, algunas observaciones sobre los programas electorales. Si son de partidos que ya se sabe que no van a gobernar, no se preocupe mucho de ellos aunque prometan la supresión de la ley de la gravedad y pretendan que el agua deje de ser H2O y pase a ser NCIS. Pero tampoco se preocupe mucho si es un programa de un partido con "posibles". Los programas suelen ser papel mojado sea porque mienten o porque, como van a entrar en coaliciones posteriores (como sucederá en las generales si no me equivoco), el programa tendrá que ser renegociado entre los coaligados después de las elecciones. En todo caso, no es un contrato de obligado cumplimiento que el partido suscribe con sus electores, sino, a lo más, una mentira piadosa. Después, además, vendrán a desmontar el programa propuesto inicialmente los promotores, amiguetes, "te quiero un huevo", "bombón" y demás argumentos electorales que incluyen a “Bruselas”, al FMI y al BCE. Olvídese de eso que llaman soberanía.
Desconfíe de las campañas basadas en versiones de la realidad del tipo "blanco o negro". Quiero decir que no son de fiar las campañas simplistas que captan muy bien la atención del desprevenido, dan bien en televisión, generan titulares, pero que no se corresponden con una realidad que no es ni blanca ni negra sino gris. Pero como suelen insultar a nuestra inteligencia y nos tratan de tontos, eso es lo que suele encontrarse.
Con mucha más razón, conviene desconfiar de campañas basadas en versiones de "buenos y malos". Por supuesto, buenos somos siempre "nosotros", y los malos son "ellos" que pueden venir en dos versiones: los malos son todos los demás o solo hay un malo específico sobre el que cargar toda la fuerza de las invectivas. Tener, inventar o aprovechar un buen enemigo es una baza electoral digna de ser tomada con cautela. Por ejemplo los ataques al enemigo gobierno de Madrid, la casta, los populistas o la derecha quedan bien en los mítines y hacen que el ciudadano se sienta parte de los "buenos". Reconforta, pero es engañoso.
Cuando se ponga a analizar las ofertas electorales, tenga cuidado con clasificarlas en "los nuestros" (como si uno fuese un hincha de un equipo de fútbol) y "los otros". Es frecuente, en ese caso, practicar lo que en fino se llama doble moral y en chabacano "moral del pedo". No voy a bajar a detalles en este último caso, pero, en general, consiste en dar por bueno lo que hacen los "nuestros", aunque tengan pecadillos más o menos inconfesables, y encontrar que lo que hacen "los otros" está muy mal aunque sea idéntico a lo que hacen los "nuestros". No vendrá mal algo de duda en este entusiasmo muchas veces inevitable. Mejor, cabeza fría y pies calientes.
Ya es mucho pretender, pero tampoco vendrá mal que se pregunte por a quién defiende cada uno de los partidos. De entrada, desconfíe de los que dicen que defienden el "bien común": en sociedades divididas y fragmentadas como las nuestras, eso de "común" es muy problemático e igual es falso. Además, puede que lo que estén defendiendo sean los puestos de los conmilitones, los intereses de sus donantes (legales y, sobre todo, ilegales), a unos grupos determinados o incluso a clases sociales tanto en su versión "antigua" como en la pretendidamente actualísima de "los de arriba" y "los de abajo" que ya usaba Orwell en 1948.
Pero, sobre todo, pregúntese qué pinta usted en todo eso. Si va a tener una actitud futbolera (los míos "manque pierdan") o va a votar a los que siempre ha votado y por pura inercia, no está el horno para esos bollos. Más bien, pregúntese quiénes parece que van a responder a sus demandas (o dicen que van a hacerlo) o, simplemente, quiénes son los que usted no quiere que salgan por encima de todo. Resumiendo: no se deje llevar por los inevitables sentimientos y aplique la racionalidad (medios-fines) siempre que pueda.
Puestos a aconsejar, comente estas cuestiones con sus amigos, pero especialmente estas últimas y no solo las primeras que podrían llevar a la abstención y no parece que sea el momento de abstenerse en ninguna de las que vienen.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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