miércoles, 21 de enero de 2015

¿Choque de civilizaciones?

De los muertos en Paris sabemos que, en la redacción, la mayoría eran cristianos (si eran fervorosos y practicantes, se puede discutir) pero que también había una judía y un musulmán. Hay que añadir los policías, uno de ellos musulmán. Después están los muertos judíos en la tienda kosher. Añádanse los dos atacantes cuyo nivel de creencia y práctica islámica se sabe que no era muy elevado. El del secuestrador del supermercado, era todavía menor. Casi parece que para luchar se convirtieron a la versión más salafista del Islam, no al revés: no fue ese Islam el que los llevó a la violencia.
Ha vuelto, en este contexto, la discusión sobre el “choque de civilizaciones”, continuando los pasos de un artículo de Huntington de 1993, seguido a los cuatro años del libro del mismo título que alcanzó bastante difusión en su tiempo. El contenido se resume así: 1. el mundo está dividido en civilizaciones 2, las civilizaciones son como capas tectónicas y chocan de vez en cuando y 3. el choque que se iba a producir era el de los confuciano-musulmanes frente a los judeo-cristianos. Lo de confuciano iba por Corea del Norte y lo de musulmanes por Libia. Ya es dudoso que haya “ahí fuera” una cosa llamada “civilizaciones”, pero mucho más lo es que se puedan clasificar ad usum delphini y, por ejemplo, los cristianos no se dividan en católicos y protestantes (que alguna vez han chocado), pero sí en cristianos y “ortodoxos”, es decir, Rusia. Los musulmanes tampoco se dividen en chiítas y sunitas, que también han chocado y siguen chocando sangrientamente. Y los latinoamericanos son dejados con el hic sunt leones, la frase de quien no sabía distinguir y los metía a todos en el mismo saco, Argentina y Haití, por ejemplo.
Se ha preguntado si ahora sí se puede hablar de tal choque. Para responder no me voy a situar en las alturas de Huntington sino que voy a estar ras de tierra. Primero, lo que hay “dentro” de las civilizaciones es demasiado heterogéneo como para atribuirle un carácter unitario. Segundo, las “civilizaciones” no son como un señor que tiene que decidir si va por la Rambla o el Carrer de la Mar: no actúan, no son cosas que se mueven y pueden chocar. Y, sobre todo, no se puede atribuir al todo lo que es propio de una parte: los yijadistas son islamistas y estos son musulmanes. Todos. Pero no al revés: no todos los musulmanes son islamistas (como no todos los católicos pretenden, como integristas, que sus normas sean la norma de toda una sociedad -divorcio, matrimonio del mismo sexo, aborto-) y no todos los islamistas son yihadistas violentos. Si pusiéramos nombres y apellidos, la cosa sería todavía más sencilla. Recuérdese:
Unos musulmanes mataron a dos musulmanes (y no se trataba de un montaje como se encargó de desmentir el hermano del policía asesinado). Grave pecado, según el Corán, aunque sea frecuente que lo cometan cuando se trata de matar a musulmanes de la “otra” corriente. Pero es que son herejes
Un musulmán salvó la vida a un grupo de clientes judíos del supermercado kosher frente al poco creyente musulmán (ese sí anti-judío) que mató a algunos de ellos y fue rematado ¿por un cristiano? (la imagen era tan desagradable como la del musulmán rematando al policía musulmán).
Ha habido cierta confusión entre quién estaba detrás de los asesinatos. Ha habido, como aquí con el 11-M, “teorías de la conspiración” incluso por parte de gobiernos insinuando manejos de servicios secretos (contrarios, no propios, por supuesto). Pero a la hora de reivindicar los hechos, hubo dos tendencias por parte de los asesinos: los Kouachi dijeron que Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) y Coulibaly que el Estado Islámico. Ambos movimientos “apoyaron” los hechos y solo AQPA reivindicó lo de Charlie Hebdo. Muy confusa la relación. También el video. Pero que hay una pelea entre uno y otro, eso sí parece claro: quieren ser los primeros de la lista para captar “combatientes” y, sobre todo, para recibir apoyo financiero de países de mayoría musulmana (no “países musulmanes” como dijo el ministro de Asuntos Exteriores). Demasiado heterogéneo como para que haya “una” civilización que “choca” con otra. 
Porque ¿cuál es la otra? La nuestra, claro, se dirá. Igualmente heterogénea e igualmente hipócrita que sabe reaccionar enviando más portaviones a la zona y, olvidando las causas, convertirlo en otra “guerra contra el terror”. Nada nuevo. Pero si el “choque” es discutible, lo que se observa, no.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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