lunes, 1 de diciembre de 2014

Policía mata a negro

Ferguson ha estado en las noticias, sobre todo por la airada reacción ante el veredicto del policía que mató a un negro. La entrevista del policía en televisión afirmando que volvería a hacerlo, no ha hecho sino empeorar las reacciones que se han extendido al resto del país. El tono fanático del policía era innegable.
No vendrá mal recordar que no ha sido un caso aislado. De hecho, los ha habido con posterioridad. Pero la historia de tales eventos es espeluzmante y las posibilidades de ulteriores reacciones no solo de la comunidad negra, también.
No sé qué va a suceder. De momento, la intervención del presidente Obama, negro también, no ha servido de mucho, por no decir que no ha servido para nada. Más policía, más guardia nacional y hasta más tanques es la ultra-solución militarista que solo consigue aumentar el conflicto. Porque, como suele suceder con otros casos de violencia, por debajo de esta laten diversos conflictos que, si no se resuelven, reaparecen en forma violenta desde el abuso policial (a menor escala que en Iguala, pero con lógica parecida) al enfrentamiento entre comunidades pasando por el saqueo de tiendas que poco tienen que ver con la contienda.
Como muestra la reciente muerte de una persona en un enfrentamiento entre fanáticos del fútbol en Madrid, la "fanatización" de grupos y su enfrentamiento con otros igualmente "fanatizados", puede llegar a extremos que solo un estado policial (prácticamente un policía por persona) puede afrontar si lo que quiere es defender a sus contribuyentes. Fanatizar no es una buena política y fanatizar no es solo cuestión del Estado Islámico (que, fanáticos, lo son). 
La cuestión es cómo desfanatizar a policías, manifestantes, hinchas, militantes, periodistas y profesores universitarios, por hacer una lista corta.

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