miércoles, 31 de diciembre de 2014

Mis buenos deseos

Mi espontaneidad o mi alarma me llevan a desear que, en el terreno del medioambiente, la reunión de Addis Abeba del próximo julio, la de Naciones Unidas de septiembre y la de París de diciembre lleven a algo más eficiente que la pasada de Lima. En esa línea, fui ingenuo al pensar que el precio del petróleo seguiría bajando al tiempo que sus efectos sobre el medioambiente se reducían. Absurdo ¿no? Pues tengo muchos más buenos deseos para este 2015. Optimistas a fuer de sarcásticos.
Espero una solución confederal para el conflicto ucraniano oriental. Algo así como Andorra: dos co-príncipes, el de Kiev y el de Moscú, que se reparten la responsabilidad y la gestión de las diferencias y desigualdades, con particular atención al sector industrial y energético, sin injerencias de la clase política estadounidense y su resurgir de la “guerra fría” (o nuclear).
Doy por hecho que el gobierno de Israel y, en particular, sus sectores más fundamentalistas, entenderán lo de la separación entre religión y política, dejarán de creer que su Dios hizo a la Eretz Yisrael su Tierra Prometida en la que instaurar un estado-nación para el pueblo judío con fronteras entre el Éufrates y el Nilo y aceptarán la idea de dos estados con fronteras seguras para ambos y respetando los derechos de aquellos palestinos que tienen la ciudadanía israelí aunque no la nacionalidad.
“Occidente” entenderá que si la irracionalidad actual de varias potencias nucleares no ha producido todavía un enfrentamiento nuclear, Irán puede acceder a tal tecnología sin que por ello aumente el riesgo de un invierno nuclear, ya suficientemente elevado por las tensiones entre la India y Paquistán o Rusia y los Estados Unidos (ver lo dicho sobre Ucrania).
Es difícil negociar con el Estado Islámico (Irak y Siria) si ninguno de los implicados está dispuesto a comprender las razones y motivaciones de los otros. Sin embargo, no es imposible. Una mesa redonda o cuadrada (recordando la que hubo en el caso de Vietnam) sentaría a las partes implicadas, estando todos dispuestos a ceder en algo con tal de ganar la paz.
Esto último también puede decirse para el caso de los enfrentamientos raciales dentro de los Estados Unidos sentándose para abordar el problema, con un buen diagnóstico previo, comunidades organizadas, policías, gobernantes de diverso pelaje pensando en las siguientes elecciones, comerciantes y movimientos sociales, todos ellos igualmente, dispuestos a ceder algo por bien de paz.
Ese mismo país puede revisar su política respecto a México. Cierto que este último atraviesa, internamente, una seria crisis de corrupción e impunidad y de violencia que genera violencia. Se puede solucionar de manera igualmente interna, pero se avanzará mucho más cuando los Estados Unidos tomen en serio su propia demanda de drogas (parte muy importante del problema, como dijo Hillary Clinton cuando estaba en el gobierno), dejen de exportar armas a unos y otros y renuncien a ayudar a unos cárteles para obtener así información sobre otros (también en esa “guerra” todo vale) y cambien el escaso interés que demuestran por esos derechos humanos que tanto les preocupan en otros lugares. No es imposible.
La crisis de la Eurozona se termina en el momento en que se reconoce que tanto las políticas neoliberales (“reformas”, austericidio) como las keynesianas (inversión pública) no son la solución sino parte del problema, y los economistas (y/o los políticos) encuentran una alternativa viable y aceptable para los intereses que defienden las primeras (los ricos más ricos) y para los que defienden las segundas (los pobres más pobres).
Obvio que, a pesar del comienzo de esta colaboración, mi perspectiva es eurocéntrica. No digo nada sobre lo bien que superarán el bache países exportadores de petróleo como Irán, México y Rusia ya citados o los bolivarianos Venezuela, Ecuador y Bolivia, que seguro son capaces de hacerlo aunque los ingresos del petróleo se hayan reducido coyunturalmente. A nadie se le ocurre que el precio del mismo llegue a cero y no es imposible imaginar que volverá a sus niveles altos para bien de ellos, aunque no tanto para la Eurozona.
Más que eurocéntrico, localista: ¿Y las Españas? Pues unas elecciones marcadas por la “elección racional” que se extenderá al contencioso catalán. Si soy ingenuo esperando lo anterior, en este caso lo soy de manera incuestionable. Pero no es mal deseo para 2015 que la oferta electoral sea racional (no sentimental) y la decisión de los electores sea igualmente racional. Mejor le iría al bienestar social peninsular (incluyendo a Cataluña).

Feliz 2015. Que nos sea leve.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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