jueves, 18 de diciembre de 2014

Locos o terroristas

Lo de Australia (muchos secuestrados, tres muertos) ha sido cosa de un terrorista, por cierto abatido por las fuerzas del orden. Un poco desquiciado el secuestrador, pero terrorista. Basta ver las banderas con el "Allah es grande" para saberlo. Autoridades, medios y público están de acuerdo.
En los Estados Unidos hay, de vez en cuando, masacres mucho mayores. La de la maratón de Boston (tres muertos, casi dos centenares de heridos) también lo fue. Dos terroristas, para ser exactos, con algún que otro cómplice. Todas las demás masacres (exceptuando la del 11-S, obviamente) son cosa de enfermos mentales.
Mi problema es que la frontera entre "terrorista" y "enfermo mental" es muy borrosa. Para el caso de los "enfermos mentales" estadounidenses, hay más problemas aquí y en los estudios que se citan. Es demasiado fácil hablar de enfermos mentales aunque autoridades, medios y público estén de acuerdo en que tienen que serlo ya que, si no, no habrían perpetrado tal matanza.
Evidentemente, falta una tercera variable. ¿Frustración severa, tal vez? Es posible. Marginación, exclusión, desempleo, abandono, divorcio no-querido, sexualidad reprimida son las primeras que se me ocurren. Seguro que hay más. Pero, una vez más, la ecuación "frustración lleva a agresividad y agresividad lleva -no siempre- a agresión" se puede cumplir añadiendo que tal agresión puede ser contra uno mismo. Se llama depresión y puede llevar al suicidio, causa muy importante de muerte en el mundo. Casi un millón de personas al año (800.000, pero sin duda "under-reported"), más que homicidios y más que muertes por ataque terrorista, como contaba ayer. De todas formas (y siempre según The Lancet) los accidentes de tráfico se llevan la palma.

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