sábado, 13 de diciembre de 2014

Líder, sí ¿y después?

No es de interés únicamente para bolivarianos, sino que puede ampliarse el campo. Se trata de dos excelentes textos, uno de Edgardo Lander y otro de Javier Biardeau, publicados en Aporrea y que tratan de la Venezuela después de Chávez. Casi se puede decir que uno se dedica a la estructura y el otro a la superestructura, pero, en todo caso, se complementan extraordinariamente bien, mostrando, de paso, que las "res gestae" pueden verse desde perspectivas muy diversas.
Simplificando mucho tanto a uno como a otro, se puede decir que el de Biardeau, al comparar el legado de Lenin con el de Chávez, muestra las complejidades y dificultades que tiene el recurso a la "herencia" recibida, en este caso, positiva, pero de complicada gestión dado que tal herencia no se trasmite en un terreno en el que no hay otro tipo de disputas por el poder que el de la ortodoxia (ortodoxia, además, respecto a textos heterogéneos, ambiguos, contradictorios y más relacionados con el contexto en que se producen que con una supuesta continuidad ideológica).
El de Lander, por su parte, menos preocupado por las cuestiones filosóficas elaboradas por Biardeau, parte de un reconocimiento de los logros del chavismo... y de sus errores que ahora se están pagando al ser difícil mantener un modelo rentista con precios del petróleo cayendo de manera inmisericorde (para ellos, no para los españoles, cuyo gobierno lo celebra como si se tratase de un triunfo propio).
Dos textos que vale la pena leer y que hacen ver hasta qué punto son complicadas las herencias y las sucesiones cuando se trata de líderes carismáticos (no tradicionales, no "legales", como clasificaba Weber los liderazgos). El caso de Lenin ya ha sido aportado, pero habría que añadir a Tito y hasta a Salazar o Franco (los españoles de una cierta edad recordarán aquella propuesta de "franquismo sin Franco" que duró lo que tardó este en ser sepultado en el Valle de los Caídos). 
La limitación de mandatos, dominante hasta hace poco en América Latina y en funciones en los Estados Unidos, era una buena forma de reducir las tentaciones carismáticas y promover las democráticas ("legales" que diría Weber). Por contra, los casos de Bolivia y el Ecuador parecen ir en la dirección opuesta subrayando el carácter insustituible del Amado Líder (Morales y Correa respectivamente, si se me perdona la alusión a los Kim coreanos). Sin embargo, para el común de los mortales hay dos cosas incuestionables: la muerte y los impuestos (para "los de arriba" esto último parece que no se les aplica). Quiero decir que, como Lenin o Chávez, morirán. No deseo su muerte, pero sé que es inevitable. Y esa muerte, en circunstancias adversas como las venezolanas de estos meses, genera más problemas de los que han resuelto en vida. Cierto que podrán decir "après moi le déluge", después de mí el diluvio, frase atribuida al francés Luis XV -su sucesor, Luis XVI sufriría el diluvio de la Grand Révolution y, personalmente, la guillotina-. Las cosas del poder son así. El carisma es una forma como otra de legitimarse en el mando. Y el que venga detrás, que arree.

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