viernes, 26 de diciembre de 2014

La nación como argumento

Oí hablar de internet por primera vez en 1982 aunque no recuerdo si se utilizó ese nombre. Uno de los miembros de aquel equipo (hablo de un proyecto de la Universidad de Naciones Unidas), propuso que nos conectásemos todos y tuviésemos nuestras discusiones a través del ordenador/computadora. Se trataba de un australiano afincado en Bélgica. Hubo una oposición frontal: la de un argentino. Su argumento era muy sencillo: eso iba a dar a la policía de su país todavía más facilidades para vigilarle.
Me he tenido que acordar de aquella situación al leer este texto sobre las reticencias que algunos cubanos de hoy en día manifiestan hacia el acceso a internet. Son exactamente las que usaba el colega y, a pesar de ello amigo, argentino.
Ya puestos, una más. Recuerdo la fecha porque el colega había sido muy crítico hacia la dictadura militar que azotaba a su país en aquellos años, cosa que cambió drásticamente cuando otro de los miembros del equipo, inglés en este caso, entró en la sala dando la noticia de la toma de las Malvinas por parte del gobierno argentino o, como se suele decir, por parte de Argentina. A partir de ese momento, nuestro amigo se envolvió en la bandera blnnquiazul y se le encendió el nacionalismo hasta niveles inesperados en quien había sido tan crítico con su gobierno. 
El inglés intentaba, inútilmente, hacerle ver que se trataba de un truco de la Junta para distraer la atención y generar precisamente el tipo de reacción que estaba mostrando el argentino: olvidar la represión y dejarse llevar por ese sentimiento tan primario como es la "identidad nacional" (la sra. Thatcher suscitó el mismo tipo de sentimiento para volver a ganar, contra todo pronóstico, las siguientes elecciones). Casi como los que salieron a gritar "Cuba, Cuba" en La Habana después de los respectivos y sinronizados discursos de Castro y Obana. 
La nación es lo primero. Supongo que los que tenían reticencias ante el uso de internet por parte de la policía cubana las habrán olvidado ante el triunfo de su país frente al imperialismo yanqui, según se les ha explicado en la isla. Los británicos que criticaban a la después lady Thatcher se olvidaron de tales críticas y, envueltos en la Union Jack, corrieron como una sola persona a defender la sagrada unidad de la patria puesta en peligro en las Falklands. Lo de Escocia es otra historia.
De todas formas, eso, en los Estados Unidos, no pasa ;-)

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