lunes, 15 de diciembre de 2014

Efectos del fracking

El argumento a favor del fracking es económico. En el caso de las Españas, país dependiente en el terreno de los hidrocarburos -no de la energía eólica, solar y similares-, el argumento dice que sería una irresponsabilidad no aplicar todas las técnicas conocidas (con todas las cautelas necesarias, por supuesto) para reducir tal dependencia y tal rubro en la balanza comercial. Como siempre habrá quien diga que lo que se consigue es que mejores los beneficios de empresas petroleras supuestamente españolas como si tal cosa tuviese algún sentido cuando se constata la composición de muchos accionariados, el paso siguiente ha sido crear un impuesto que revertirá en las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos más cercanos a la prospección y eventual extracción y en los dueños de los terrenos si es que no se trata de actividad en el mar. Se compran así las voluntades de los posibles "ecologistas infantiles" (que diría el presidente ecuatoriano Correa). Siempre habrá, eso sí, gobernantes locales, incluso del mismo partido que el del gobierno central, que se opongan a tales propósitos o, por lo menos, muestren sus reticencias.
El argumento en contra tiene que ver con el medio ambiente en general y con la salud de los habitantes cercanos en particular. Aquí  se citan y comentan dos estudios en esa dirección. 
Siempre se podrá decir que los legos no podemos opinar sobre estos estudios. Cierto. Pero como tampoco, como legos, podemos discutir de los argumentos económicos, parece que estamos condenados a dejar en manos de los gobernantes (¿cuáles? ¿los del gobierno central o los de los periféricos afectados?) la decisión final que, evidentemente, tomarán para nuestro bien tal vez económico pero, probablemente, no tan claro para nuestro bienestar en términos sanitarios. Hace algunos años el economista Alberto Acosta, que ahora preside el Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza, publicó un libro (La maldición de la abundancia que puede leerse aquí) en el que ponía en duda los pretendidos bienes económicos del extractivismo.
Cuestión de esperanza matemática: probabilidad del bien frente a probabilidad del mal y nivel del bien frente a nivel del mal. Y cuestión de plazos: el "oro negro" se ve enseguida; los males ambientales y de enfermedades tardan en aparecer. Y cuestión de poder en estas democracias en las que los asuntos son demasiado complicados para dejarlos en manos de los ciudadanos y suficientemente sencillos para dejarlos en manos de las grandes empresas.

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