martes, 16 de diciembre de 2014

Dinero en política

Con independencia del dinero que va ilegalmente a los bolsillos de los políticos, hay un tipo de dinero que es "comprensible": el dedicado a las cada vez más caras campañas electorales. Una parte del dinero legal proviene de las subvenciones que los gobiernos dan a los partidos, pero hay otra parte que viene de fondos privados que, en muchos países, son fondos legales. 
Cuando el sistema electoral es como el español (listas cerradas y bloqueadas dictadas por la cúpula de partido directa o indirectamente), el dinero que va a las campañas puede provenir de donaciones públicas, del trabajo y donaciones de los militantes y de sencilla corrupción. 
El caso Gürtel expresa bastante bien cómo funciona esa industria: "alguien" entra en contacto con la cúpula del partido (o con el comité electoral local) y propone pagar directamente las facturas o, también, entrega dinero "negro" al partido para que este pague las facturas. Ha habido casos menos sonados: el del militante que hizo en su empresa y gratuitamente encargos de papelería, megafonía, viajes o lo que fuese pero que, entrado en crisis empresarial, ha pedido a su partido que le pague lo que les entregó supongo que a cambio de algo (puesto en las listas, cargo o similares).
Cuando las elecciones se llevan a cabo mediante distritos uninominales (tipo inglés o estadounidense o japonés), el dinero puede venir del partido, pero la parte más importante es la que gasta el comité electoral del candidato único en cada circunscripción. Las donaciones que recibe pueden ser estrictamente legales bajo las circunstancias que marque la ley en su país o pueden ser, como en el caso de las listas, entregadas directa o indirectamente a cambio de ulteriores favores. Por eso las "buenas" empresas, en caso de previsión de empate, hacen donaciones a los dos contendientes mejor situados: hay que ser previsores.
Vuelvo a declarar mi admiración por el sistema estadounidense, no por el peso que tienen esas donaciones (y esa irrupción en las campañas por parte de empresarios como Adelson o los hermanos Koch) hasta el punto de que se trate de "business politics" que habría que traducir como "politica en manos de los negocios", sino por la transparencia con que se lleva a cabo una parte importante de dichas transacciones "do ut des". Seguro que hay dinero "clandestino", pero una parte importante del dinero recibido por cada congresista o senador es público y publicado. Resulta entretenido navegar por OpenSecrets y ver quién ha dado cuánto a quién. Con la mitad de transparencia ya me contentaría yo en las Españas (incluida Cataluña). 
El hecho es que con los datos de OpenSecret se puede saber (se cuenta, después de haberse tomado el trabajo, en el Washington Post, no Granma o Rebelión) que los Demócratas que votaron por la ley sobre el gasto aprovada el martes pasado habían recibido el doble de "donaciones" por parte de la industria financiera/aseguradora/inmobiliaria que los Demócratas que habían votado en contra. ¿Causa y efecto? Tal vez no fuese ese el único factor que les llevó a votar en tal sentido (habría que ver qué sucedía en sus respectivas circunscripciones), pero parece razonable pensar que algo debió de pesar en su decisión (el voto "de partido" no es obligatorio como en las Españas -incluida Cataluña-).
Y ahora, la pregunta: si eso ha sido así ¿qué puede suceder con las "donaciones" que reciben los partidos políticos en las Españas -etc- incluso las que lo son en forma de "condonación de préstamos asumidos para pagar las costosas campañas electorales"? Como para que los tertulianos radiofónicos y televisivos digan eso de "eso,fuera de España, no pasa". Pasa, pasa.

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