miércoles, 3 de diciembre de 2014

De gatos y cascabeles

La semana pasada abundaron los comentarios sobre programas electorales aunque lo de Vicenç Navarro y Juan Torres no eraexactamente un programa, sino un diagnóstico previo con algunas posibles líneas de acción que Podemos “modulará” según su conveniencia. Encima, es que hay varios tipos de programa electoral.
El primero sería el que incluyese puntos como estos: “No a los terremotos: son demasiado dañinos; Por un reparto equitativo de la lluvia: es injusto que en unos sitios sobre el agua y en otros estén en la peor sequía en 150 años (el sector reformista había propuesto “agua para todos”); Estabilidad climática: no son de recibo los vaivenes de temperaturas y lluvias, en cambio la estabilidad permitiría tomar decisiones sin sobresaltos”. Es, a todas luces, un programa imposible de llevar a cabo, pero de ellos haberlos haylos.
Después estaría un programa que, entre otras cosas, dijese lo siguiente: “No a la pobreza: es un insulto a la decencia nacional; Por un reparto equitativo de las rentas y los empleos: no hablemos de igualdad, pero sí de justicia; Estabilidad económica, pero con crecimiento (el sector radical había propuesto el decrecimiento)”. No es tan imposible como el anterior, pero aquí se trataría de capacidad de llevarlo a cabo superando los evidentes obstáculos que aparecen por la mera inclusión en la Eurozona.
También hay programas redactados para no ser cumplidos. Ejemplos: por hacer memoria personal, los 800.000 puestos de trabajo del PSOE en el 82, incumplidos porque no sabían de qué iba el país o por pura estrategia electoralista; el programa del PP para las últimas generales incumplido sistemáticamente (aborto incluido), con los mismos problemas que el anterior del PSOE; y el programa presentado por Podemos para las europeas como si fuese para las generales, un engaño a fin de cuentas.
Supongamos, ingenuamente, que se tratara de un programa serio, redactado para ser cumplido y no para ganar votos. Mi problema es saber quién le pondría el cascabel al gato. Hacer un brindis al sol y recibir aplausos de quienes estaban esperando escucharlo, no es una buena respuesta. Hacer programas poco realistas puede resultar gratificante para autores y audiencia, pero, para ser serios, hace falta añadir cómo se puede llegar a tal objetivo una vez alcanzada la posibilidad de perseguirlos, es decir, llegar al poder. En democracia, eso se produce mediante la obtención de votos suficientes que permitan llevar a cabo tal programa que (se supone) ya se sabe cómo aplicar. Si ya sabemos que no vamos a tocar poder, es gratis poner un elemento u otro en el programa. Hasta lo de “no a los terremotos”.
En democracia también, se alcanzan objetivos comprando o alquilando a los que pueden incumplir el programa. Dicha tarea se realiza mediante grupos de presión o mediante generosos donativos personales o a las campañas electorales, cosa esta última que tiene poco que ver con la ideología y sí mucho con los intereses del donante, sea persona, empresa o país (recuérdese que Pámiat, partido ruso ferozmente antijudío, recibía donaciones de Israel o piénsese en a quiénes estáfinanciando Putin actualmente). En este sentido, el donante deberá  tocar las puertas apropiadas y nunca se comunicará al elector, no vaya a tomar decisiones “equivocadas”, es decir, contrarias a los intereses del partido, que son los votos, no los elementos del programa.
Un programa, para ser bueno, debería ir precedido de un buen diagnóstico. Mi punto de vista ha sido, desde tiempo, este: si hay tos, mejor saber de qué enfermedad se trata antes de proponer una medicina. Ya que tose un bronquítico crónico o un enfermo con cáncer de pulmón, no será mala idea que un diagnóstico preceda al tratamiento no sea cosa que, tomándolo como una vulgar faringitis, se le proporcionen remedios que no van a servir para nada a la hora de resolver el problema real.
Encuentro una cierta insuficiencia, probablemente voluntaria, en los diagnósticos de la mayoría de partidos. Sobre todo si están gobernando y no tienen que ser molestados por la “rugosa realidad” ya que, desde el poder (y más si es con mayoría absoluta) se puede prescindir de esos molestos detalles que traería consigo el diagnóstico. A lo más, toda la culpa se atribuirá a los anteriores o a la Eurozona o a la “crisis” o a la oposición y punto. Desde el poder, haremos lo que queramos y después lo “envolveremos” de la manera más abrillantadora posible. Si no hay poder ni lo va a haber o va a haber coaliciones entre heterogéneos, ancha es Castilla.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-  Sobre las relaciones del Front National francés y Rusia, véase The Moscow Times o aquí)

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