miércoles, 19 de noviembre de 2014

Generalizaciones sospechosas

Alguno de sus conocidos altos cargos ya está en la cárcel por fraude y otros delitos económicos. Alguno ha abusado fraudulentamente de las “tarjetas opacas”. Otro ha tenido que dimitir por haber practicado “esquemas” financieros en beneficio propio con dinero que, en resumidas cuentas, venía de arcas públicas. No es difícil llegar a la conclusión de que “todos son iguales”, que “es el sistema el que es corrupto” y que “hay que hacer limpieza general”. Guste o no guste, la corrupción sigue siendo uno de los principales problemas que tienen las Españas en este momento (incluye a Cataluña). Por lo menos eso viene diciendo, barómetro tras barómetro, el Centro de Investigaciones Sociológicas, el gubernamental CIS.
El problema es que no estoy hablando de los políticos. Contra ellos, parece haber un cierto consenso en amplias capas de la población de que son el problema. Pero no me refiero a ellos. Y no por mi evidente e inevitable rechazo a esa generalización a partir de algunos comportamientos. Sería como decir que todos los farmacéuticos son unos mafiosos y ladrones solo porque ha habido una organización que ha “exportado” ilegalmente medicamentos hasta el punto de desabastecer algunos mercados. Por muchos que hayan delinquido, no todos los farmacéuticos son unos delincuentes. Tampoco son mayoría los médicos que aceptan “astillas” de las empresas farmacéuticas o “desvían” pacientes a sus consultas particulares convirtiéndoles en clientes (como alguno dijo en su día, no han estudiado tanto y tanto como para tener un sueldito público únicamente, lo cual es aceptable; lo que ya es más discutible es el “desvío”, es decir, “aconsejar” al paciente de la pública que, si quiere ser bien tratado, se vaya con el médico a su consulta o clínica privada).
En todo caso, a nadie se le ocurre decir que los farmacéuticos y los médicos son una pandilla de facinerosos. Sin embargo, sí se dice de los políticos, aunque desde los partidos se tienda al argumento de “unas pocas manzanas podridas”. ¿De quién hablo, entonces? ¿De los sindicatos? Ahí la tendencia a generalizar a partir de asuntos tan cutres como el de Asturias o tan miserables como el de Andalucía es más frecuente, aunque más propia de determinados sectores ideológicos. Lo de los políticos es más general.
Pues no, hablo de la patronal. Las frases con las que inicio esta colaboración están escritas pensando en los recientes escándalos que la han agitado, aunque sin que a nadie se le haya ocurrido decir que “todos los empresarios son iguales”. Iguales, haberlos haylos. Pero los hay impecables. Como hay políticos impecables, diga lo que diga la opinión pública. Cierto que en sectores minoritarios se seguirá hablando de “explotadores y explotados”, pero la sucesión de escándalos empresariales no es la causa de tal opinión. Tiene que ver con otro tipo de percepciones sobre cómo son las cosas por debajo de las apariencias.
El “todos son iguales” aplicado a los políticos tiene una variante que me interesa particularmente. Es la de los que niegan la posibilidad de que el problema sea otro, a saber, el de una cierta difusión de falta de ética o de moralidad en amplias capas de la población. A mí me parece obvia. La encuentro en instituciones que defienden la ética (periódicos), en propulsoras de la moralidad (instituciones religiosas) y en las que buscan “desinteresadamente” la ciencia (universidades). Y la encuentro en comportamientos cotidianos que hacen que uno tenga que ver desde si, comprando, le han dado las vueltas correctamente o si le están tomando el pelo en la institución financiera en la que tiene su cuenta corriente, pasando por la constatación de sobrecostes y “porcentajes” en arreglos domésticos y chapucillas varias.
Todo es comparar. No es lo mismo el caso que ha llevado a la cárcel a un conocido empresario o a conocidos políticos que el caso que nunca llevará a la cárcel a quien me engaña detrás de un mostrador o una ventanilla. Cierto. Pero están en la misma categoría, y negarlo y reducirlo todo a los políticos permite que nos quedemos con la conciencia tranquila (“no soy de ellos”), que desahoguemos nuestras frustraciones (“ellos tienen la culpa de todo, yo no”) o que planteemos alternativas políticas centrando el problema únicamente en los políticos para así utilizar los dos criterios anteriores (tranquilizador y desahogo) en provecho de las propias perspectivas electorales.
No dudo de la utilidad de las generalizaciones o de estas reducciones. Pero es una forma de engañar y ser engañado, cosa que, como ya comenté, es peligrosamente poco democrática.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

1 comentario:

  1. Tienes más razón que un santo (me refiero a los santos que puedan tener razón, claro).

    En estos vaivenes en los que vivimos, todo vale para conseguir el poder del modo que sea. En realidad no es nuevo pero en estos últimos tiempos el cinismo populista se está agudizando.

    Lo que ocurre es que es más fácil y mucho más mediático asediar el Parlamento, con el pretexto de moralizar la vida pública,que acordonar las farmacias, o sitiar el Consejo Nacional de Universidades para reclamar que se acabe con el compadreo que tanto daña a la enseñanza universitaria.

    Por cierto que el símbolo de la escoba para barrer a todos los políticos (excepto a los del movimiento REX que acababa de fundar) lo inventó Leon Degrelle (claro que de aquel nazi criminal de guerra belga protegido de Franco no saben nada los 'we can' españoles).

    El mismo slogan lo siguió utilizando el Vlaams Blok (saber de esto sería para nota) partido-movimiento , también belga, excluyente, racista y de extrema derecha.

    El uso del término 'casta' que han puesto en boga los 'we can' equivale, mutatis mutandis, al de 'raza', pero aplicado a la política, en el sentido de infección, plaga, etc. de triste memoria cuando se usaba para estigmatizar a los herejes, judíos y otros enemigos de la salud moral del pueblo. Nos hallamos ante otra descarada campaña de eugenesia política que surfea hábilmente sobre la legítima indignación de la gente. Como dijo, creo que Lincoln, se puede engañar a uno todo el tiempo, a algunos mucho tiempo, pero no a todos todo el tiempo (al menos así lo espero)

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