jueves, 27 de noviembre de 2014

Estado y caridad

Le Monde diplomatique publica un comentario sobre la política de la derecha estadounidense de potenciar las "charities", las ONG, la caridad y la iniciativa privada voluntariosa y solidaria para resolver cuestiones que, en otros lugares, enriquecidos y de tradición socialdemócrata, son competencia del estado. No es un único caso.
Hace bastantes años compartí una expedición académica a Bogotá con varios colegas y, a pesar de ello, amigos. Para uno de ellos, se trataba de su primer encuentro con la realidad del entonces llamado "Tercer Mundo" y, curioso e inquieto como es, estuvo visitando los barrios populares. Volvió asustado: las ONG estaban convirtiendo en graciable lo que, para él, era un derecho, a saber, la sanidad y la educación de las que el Estado podía desentenderse y dedicar esos fondos a otros objetivos entre los cuales no se excluye la corrupción.
El problema es qué hacer cuando tales derechos están siendo sistemáticamente violados por la inacción de los gobiernos. ¿Se deja que la gente muera y sea analfabeta? ¿Se interviene aunque con ellos se libere al Estado, aunque no sea más que parcialmente, de su papel en tales problemas? ¿Se defiende a capa y espada la iniciativa privada, mejor dispuesta a evitar malgastar sus fondos que los que viven del Estado y pueden derrochar dineros que "no son de nadie ya que son de todos"?. Son opciones. Como lo es el "agudizar las contradicciones" bajo el principio de "cuanto peor, mejor", aunque las personas concretas sufran ahora y los que las ven sufrir piensen que son el sacrificio necesario para que en un futuro la tortilla se vuelva (que los pobres coman pan y los ricos etc.).
Lo que puede resultar particularmente dramático son algunas transiciones. En las Españas, por ejemplo, se bombeó dinero a instituciones no-gubernamentales (caritativas, solidarias o simples empresas que acudían al olor del dinero y del beneficio) para atender a los más vulnerables en la sociedad (ancianos, enfermos crónicos, con problemas psíquicos y demás). Las organizaciones se multiplicaron liberando al Estado de su obligación como "estado social de derecho". 
Y de repente se cortaron dichos fondos con argumentos de lo más variado pero con un mismo efecto: dejar a tales personas vulnerables sin la atención del Estado (que había pasado la responsabilidad al sector privado -repito, empresarial, caritativo o solidario-) y sin que tales organizaciones pudiesen atender a los que habían atendido hasta ese momento. 
Claro, la otra opción es la de la cámara de gas. Pero no hace falta llegar a tan inhumanos extremos. Basta con los inhumanos extremos actuales.
Y, encima, sabiendo que es mucho más de lo que consiguen los vulnerables de otros lugares.

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