sábado, 8 de noviembre de 2014

Argumentar con metáforas

Lo aprendí de José María Ridao en su prólogo al libro de actualidad DOS VISIONES DE ESPAÑA: CATALUÑA Y ESPAÑA, ¿UN DEBATE SIN FIN? con los discursos de Azaña y Ortega en 1932  a propósito del estatuto de Cataluña. No lo tengo a mano, porque me lo prestaron.  Del resumen que proporciona internet se subrayan dos posturas (aunque la cosa, con el tiempo, se ha complicado):
Azaña: «Nadie tiene derecho a decir que su solución es la mejor porque es la más patriótica; se necesita que, además de patriótica, sea acertada»
Ortega y Gasset: «El problema catalán no se puede resolver, sólo se puede conllevar»
Un problema (cuál) al que se le buscan soluciones desde posiciones diferentes ya que no se trata de un problema "matemático" sino de un problema político.
Sin embargo, en la versión de 2014 (y los dos años anteriores) de dicho problema, el uso y abuso de metáforas ha superado, creo, al de los viejos planeamientos del 32 (a cuatro años del 36).  Una cosa ("los cabellos de Dulcinea" o sus "ojos", por ejemplo) es descrita mediante otra (el "oro" o el "sol" respectivamente).
Me parece acertado lo que dice Ridao en el prólogo del libro que cito: las metáforas se usan para movilizar y generar acuerdos, pero no convencen. Para convencer, hacen falta argumentos racionales que han brillado por su ausencia. Tal vez por el uso movilizador y manipulador de los sentimientos por encima de las razones, motivos y objetivos. 
Algún manifiesto (de "especialistas") he visto estos días sobre el asunto. Predomina la cuestión de los sentimientos y está ausente lo básico: si hay conflicto, entre quiénes (no solo dos), qué pretende cada uno de los varios actores que tiene el tal conflicto, qué efectos podría tener cada una de las posibles salidas del conflicto (no solo lo malo que sería si "los otros" ganasen) y si hay modo de resolverlo o trascenderlo. Nada. Sentimientos y metáforas, muchas metáforas. Para algunos, incluso "pueblo" , "nación" o "patria" no son otra cosa que metáforas, por más que den paso al populismo, al nacionalismo y al patriotismo respectivamente, que esos sí que son "reales". Algo parecido podría pasar con la metáfora "casta" para referirse no se sabe bien a qué.
Encima, las metáforas pueden ser impecables y, al mismo tiempo, engañosas por ajenas a la realidad de las cosas. En este artículo, muy lejano a las preocupaciones de estas vísperas, se parte del cuento de Zenón de Elea sobre Aquiles y la tortuga (tortoise en inglés) y se la compara con una parecida de Paul Krugman mostrando (a golpe de metáfora) que hay alternativas a "los límites del crecimiento".
Hay una posibilidad más: que las metáforas (y yo las uso con frecuencia) sean el argumento de quien no tiene argumentos. Es algo así como el jardinero "Chance" en la película Bienvenido Mr. Chance (Being there): eran los demás los que tomaban como metáfora lo que el buen jardinero daba como única respuesta que era capaz de dar. Para conocer las cosas, era peor que metáfora. En este caso, el que la usa no se está refiriendo a nada sino a sí misma.
Toca ahora leer los periódicos del día en las Españas e ir subrayando metáfora tras metáfora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario