domingo, 19 de octubre de 2014

Revisionismo

Hubo un tiempo, y no tan lejano (es decir, en mi último "último libro"), en el que las ideologías se podían clasificar según este gráfico que yo he tomado en varias ocasiones de Galtung. Las ideologías, como se ve, se clasificaban según el peso que atribuyesen al Estado o al Mercado. Rojo, azul y verde se entienden muy bien. Rosa es el intento socialdemócrata de equilibrar ambos polos. Dorado, el modelo japonés, creo que se perdió.

Hace como 25 años me preocupé aquí de las posibles crisis de cada uno de ellos. Lo que no me podía imaginar es que lo que iba a cambiar de modo más profundo fuese, preicsamente, el sistema de clasificación.
Estado y Mercado se presentaban como instrumentos para lograr, respectivamente, mayor igualdad y mayor crecimiento y las "economías mixtas" (de componente socialdemócrata) eran un intento de conseguir lo mejor de ambos en una especie de juego de suma cero ("menos Estado, más Mercado" fue el eslogan neoliberal... hasta esta última crisis en la que se pidió desesperadamente "más Estado" pero dejando el Mercado intacto y sin llegar a la suma positiva del modelo japonés, ya desaparecido). De hecho, el modelo neoliberal fue de "más Estado" pero para conseguir más crecimiento (o menos decrecimiento, si se quiere). El problema, entonces, fue la desigualdad rampante tanto causa de la crisis como, para lo que aquí me ocupa, efecto de la misma. Mi esquema, en aquellos años, era el que ahora reproduzco:



Las condiciones socio-económicas han cambiado de tal forma que ya no resulta extraño que la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, haga una encendida defensa de la lucha contra la desigualdad (educación, reforma laboral diferente de la desigualitaria que se aplica en la Eurozona) como medio de salir del estancamiento. Eso sí: lucha contra la desigualdad en la que tendrían que estar implicados el Estado y sus politicas sociales, pero también el "Mercado", es decir, y por egoísmo ilustrado, los empresarios. Si va a ser posible es otra cuestión. Lo que sí sé es que el gráfico ya no sirve y no soy de los que, ante los hechos que no encajan con mis versiones previas, proclamo un hegueliano "peor para la realidad".

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