viernes, 10 de octubre de 2014

Otra pena de muerte incumplida

Conté el otro día sobre las penas de muerte en Arabia Saudita (por decapitación). Ahora hay que contar sobre las de los Estados Unidos y no solo por las fallidas al no funcionar el sistema de "asesinato judicial" que se utilice en su estado. Ahora hay que contar sobre un caso más de pena de muerte no cumplida y de manera doblemente afortunada. Primero, porque toda pena de muerte es discutible porque discutible es el derecho de los humanos a matar a sus semejantes, sea judicialmente sea extrajudicialmente, pero si es judicialmente tenemos un caso de lo que decía Bernard Shaw: que mala cosa es que los antropófagos se coman a los misioneros, pero peor es que los misioneros se coman a los antropófagos. Pero el caso, el de Manuel Vélez, es de una pena de muerte afortunadamente no cumplida: era inocente. Analfabeto, con un CI de 65 e inocente a todas luces, fue condenado porque firmó un papel que le pusieron delante en el que confesaba el crimen de haber matado al bebé de un año, hijo de su novia. Se puede repetir hasta la saciedad (e inútilmente): la pena de muerte, a diferencia de otros castigos sociales o autoprotección social, es irreversible si se cumple. Si ya es, de por sí, una enorme injusticia, si se aplica a un inocente (y no es el primer caso conocido) es ya monstruoso.

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