domingo, 26 de octubre de 2014

Más doble moral

Desertar, ¿está mal? Depende: si desertas de un ejército "bueno", estás haciendo una cosa mala. Pero si desertas de un ejército "malo", mereces un monumento. El problema reside en decidir qué ejército es el "bueno" y cuál es el "malo". 
Que el "bueno" sea siempre el vencedor, me parece un criterio muy discutible, aunque sí suele ser cierto que la historia la escriben los vencedores, capaces entonces de dictaminar la bondad (la propia) y la maldad (la de los vencidos).
Otro criterio problemático es el de la Ley: si cumple con el derecho internacional (convención de Ginebra y esas cosas), es "bueno" (dura lex, sed lex). Si se salta la Ley, entonces es "malo". El problema, en este caso, reside en el hecho de que hay países "buenos" que se saltan la ley propia e internacional con un cierto desparpajo. Pero, como todos los gobiernos, persiguen al desertor de manera implacable. Desde el punto de vista de cumplimiento de la Ley, son ejércitos "malos", pero desde el punto de vista de sus medios de comunicación (propios o de sus vasallos internos o externos), son ejércitos "buenos".
Ampliando el campo, el respeto a la Ley es también un asunto espinoso. Valoramos a los que cumplen "nuestra" ley, rachazamos a los que la incumplen, pero también valoramos a los que incumplen la ley de los "otros". El mismo gobierno que persigue los incumplimientos en casa propia, acepta y hasta fomenta los incumplimientos en otros lugares si sus gobiernos no son de los "nuestros". En la "antigua área de la peseta" hay algunos ejemplos actuales con sugestivas distinciones entre legalidad y legitimidad (la "nuestra" es legal y legítima, la de los otros es ilegal e ilegítima para unos e ilegítima para otros). Tal vez la legalidad de los "otros" sea ilegítima, pero es legal, guste o no guste.
Lo que sí está claro es, como acabo de decir, que todo gobierno considera "malos" a sus desertores, sea cual sea la cualificación que el propio ejército merezca. "Bueno" o "malo", no importa; lo que importa es que cace ratones, es decir, que sea el "nuestro".
¿Por qué no, entonces, considerar "buenos" a todos los desertores, tengan la legalidad que tengan y estén en el país que estén? Obvio que la consideración va por un lado y las prácticas observables por otro. Aquí hay otro ejemplo: un gobierno bajo sospecha (y más que sospecha) de haber cometido genocidio, es criticado por algunos de sus connacionales por vender armas a un país que puede usarlas para cometer, a su vez, genocidio (recuérdese que el genocidio va contra el derecho internacional público). Interesante el argumento que utiliza el periódico: sería como vender armas al ejército nazi de la II Guerra Mundial... cuyos desertores ahora merecen un monumento, como se ve en la primera cita que he hecho en este post.
Un caso más: muertes de niños judíos o palestinos y cómo son vistos por unos o por otros, de modo que lo que es "terrorismo" en un caso, es un "accidente" en el otro. Espectacular la narración de Greenwald.

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