sábado, 11 de octubre de 2014

Ébola: el fin del principio

Desde el Banco Mundial llaman "un gran fracaso" a lo hecho hasta ahora a propósito del ébola. Piden dinero para intervenir, pero se anuncia un coste que podría llegar a 33.000 millones de dólares para África Occidental. Y ya hay o ha habido infectados en los Estados Unidos, Alemania, Noruega y España. Algunos han sobrevivido, otros han muerto. Y los familiares de los muertos no siempre han podido asistir a sus exequias. La prevención manda. Y los mitos también.
El caso de España es particular ya que es el primero en el que el infectado lo es en el país, y no se trata de un repatriado después de haber sido infectado fuera (en África). Por eso le adjudico el papel de fin del principio. Lo que venga después, se verá. Pero vale la pena detenerse en algunas de sus características. No son las lecciones que extrae The Lancet de esta semana, sino los puntos que me han llamado la atención.
Tenemos, en primer lugar, la improvisación (por no decir incompetencia) con que se ha llevado este asunto. Ahora he entendido el correo que me envió un amigo médico cuando se llevó a España al primero de los enfermos: no podía entender que se estuviesen haciendo las cosas tan mal y con tan escaso fundamento médico. Los profesionales levantan acta de la chapucería de un sistema sanitario en plena contracción, desinversión y recortes. Incluso en formación (Alberto Piris enlaza aquí chapucería y corrupción, reproduce las afirmaciones de algunos profesionales de la salud y recuerda que hay una Unidad Militar de Emergencia UME y la Unidad NBQ dedicada a asuntos parecidos).
Tenemos, después, la histeria colectiva. Pánico lo han llamado en otros países O psicosis. Por lo visto, no hacía falta prever y proveer para algo que quedaba lejos (África) y que no iba a llegar a países "limpios, cultos, libres, despiertos y felices" como decía Espriu en su Ronda de mort a Sinera. Llegó y ahora se teme hasta por el turismo y las empresas turísticas. Y con la inestimable ayuda de medios de comunicación que han encontrado una veta de audiencia y redes sociales con su habitual uso por parte de frustrados que quieren desahogar su frustración mediante esos juegos, el caso es que hay una cierta histeria. Y, como se ha dicho para otros lugares, "el pánico es peor que la enfermedad". Entre otras cosas porque hace hacer o decir muchas tonterías.
Finalmente, sí, tonterías puras y simples. Un reconocido científico (aunque ya no practique la ciencia) ha llegado a decir que, ahora, siempre, habría que evitar darse la mano y darse dos besos al saludarse (una visita al centro de recursos de The Lancet sobre el tema, no le habría ido mal). El mismo científico ya recomendaba en agosto suprimir todos los vuelos con países afectados. Sin llegar a tanto, se van a introducir en los aeropuertos estrictos controles como los que había para "evitar" el terrorismo. Y tan inútiles como esos: tomar la temperatura al que llega es desconocer lo que hasta yo conozco, a saber, que la temperatura no indica infección sino estado de la enfermedad (ya pasó con el liberiano  fallecido en los Estados Unidos). Se trataría de hacer creer a la gente que la situación está bajo control y evitar el punto anterior. Tarde me lo fiáis. Como me decía otro médico amigo, "habrá que ver qué pasa con la próxima patera". Si la política europea (y la estadounidense) sobre las migraciones tiene más de ideología que de "análisis concretos de situaciones concretas", pues miel sobre hojuelas.
No parece una tontería ni tiene que ver con el pánico, reconocer, como se ha hecho,  que cuando nos despertemos de esta histeria, el problema de África todavía estará ahí y, si hay que hacer caso al FMI, particularmente empeorado por el ébola, sobre todo en los relativamente pocos países afectados allí. A lo más, se envían soldados. Crisis de desigualdad, efectivamente. Con todos los ingredientes.
(Añadido el 12: ya hay un caso parecido -segundo en la lista- en USA)
(Añadido el 13: en los Estados Unidos -la mejor medicina del mundo como ellos, al parecer equivocadamente, creen- tienen problemas para afrontar los nuevos casos)

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