miércoles, 29 de octubre de 2014

A modo de metáfora

Comparto casa en un pueblecito de unos 500 habitantes en una Comunidad Autónoma lejana. No hay peluquería ni kiosco de prensa. Es decir, es un lugar ideal. Pero tampoco hay Bancos, lo cual hizo en su día que abriésemos todos, y yo el primero, una cuenta en un pueblo cercano para poder domiciliar allí los gastos comunes. Ya se sabe: agua, luz, contribución. Ningún problema. Ingresaba cada cual su parte, y tutti contenti.
Mas hete aquí que uno de nosotros recibe una carta conminatoria desde la central del banco (catalán, por cierto) para que, en aplicación de la Ley 10/2010 de Prevención de Blanqueo de Capitales y de la Financiación del Terrorismo (recuerde que estamos en 2014), nos personemos sin demora a proporcionar “copia actualizada de la documentación de identidad”. Caso de no hacerlo, no se podría ni hacer ingresos ni reintegros en efectivo aunque, eso sí, los recibos domiciliados se atenderían “hasta agotar el saldo disponible en la fecha del bloqueo”.
¿Dónde estaba el problema? Pues en que la copia de, precisamente, mi dni que obraba en poder de la entidad mostraba que ya había caducado. Todo sea por la honradez bancaria, me dirigí a la oficina del tal banco más cercana a mi casa habitual (a muchos kilómetros de aquella en la que estaba la cuenta), presenté mi documento, lo escanearon y enviaron a la oficina donde está la cuenta en cuestión. Eso sí, me hicieron firmar un papel en el que me comprometía a no “efectuar movimientos de fondos con jurisdicciones de riesgo como paraísos fiscales” (que bien sé lo que son, visto dónde “residen” algunos de nuestros egregios próceres) y a no “efectuar otras operativas relevantes” (que eso sí que no sé lo que son).
Bastaba ver qué saldos y qué movimientos tenía nuestra cuenta como para saber que no pensábamos efectuar ningún movimiento hacia paraísos fiscales. Eso se lo dejamos a los que sí tienen dinero. Y ahí viene lo de la metáfora.
En primer lugar, se podría pensar que se trata de un caso de “dura lex, sed lex”, latinajo que se puede traducir de dos maneras. La primera es que la ley puede ser dura, pero hay que cumplirla. Si en esta ciclópea y bienintencionada lucha contra el blanqueo de capitales y el terrorismo (qué dos patas para un banco) hay una ley ad hoc, pues no hay más que acatarla y cumplirla, sea quien sea y en la Comunidad que sea. La segunda es que la dichosa ley es dura como todas las leyes convenientemente promulgadas y esta lo es. Así que, a hacer cola, entregar el dni y firmar el compromiso a no realizar otras operaciones relevantes: es dura porque incluye cosas que el pobre súbdito desconoce y que pueden volverse inesperadamente con dureza contra él.
Pero, en segundo lugar, este asuntillo personal e intrascendente es metáfora de lo que está sucediendo a nuestro alrededor: es a los mindundis como yo a los que se les aplica la ley... por otro lado plagada de dificultades. Primero, porque no me parece que el poner al día mi dni impida que tenga la tentación de blanquear capitales (que no tengo) o financiar al terrorismo (que detesto). Y, segundo, porque el firmar el curioso documento de marras no significa que vaya a cumplir lo que allí digo. Los que tienen capitales “blanqueables” y, además, desean hacerlo, no me parece que dejen de practicar tan patriótica tarea solo porque han firmado un papelito diciendo que van a ser buenos y van a evitar tarjetas opacas.
Me intriga, de todas formas, ese desfase de cuatro años entre la promulgación de la ley y su “obligado” cumplimiento con gentecilla como yo y mis compañeros de cuenta corriente. No creo que en ese tiempo haya caducado mi dni (me toca renovarlo en 2019, como diría mi madre “si Déu ens dona vida i salut”), así que no me parece el mejor argumento. No tienen, por otro lado, ningún motivo para “castigarme” por algún artículo escrito que no les haya gustado. Eso sería muy pretencioso por mi parte. Así que solo me queda suponer que el problema lo tienen ellos, que les ha entrado la histeria colectiva en sus grupos directivos ante “la que está cayendo” y que no solo afecta a clientes. Pero no hay tal: ya vienen aplicando (es un decir) la susodicha ley casi desde su promulgación, así que me quedo sin saber de qué va este asunto. Y eso es lo peor de esta metáfora.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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