miércoles, 10 de septiembre de 2014

Guerras: es la economía, estúpido

Lo encuentro ahora sobre el Estado Islámico, pero es válido para cualquier otro enfrentamiento armado, sea guerra asimétrica, guerra civil o guerra entre estados. 
Primero, ¿quién paga? Es decir, de dónde sale el dinero necesario para comprar armas (¡y municiones!), avituallamiento y movilidad de los contendientes. Es particularmente importante para las guerrillas o las insurgencias que no tienen el acceso a los impuestos a no ser el "impuesto revolucionario" (ETA) sobre empresarios de la zona o "ayudas fraternales" desde el exterior. En este último caso, la ayuda soviética desapareció (aunque sigue la estadounidenses y la saudí) y dejó a los guerrilleros ante la opción de convertirse en narco-guerrillas (FARC) o traficar con los minerales, piedras preciosas (Sierra Leona) o petróleo que se encuentre en su zona de influencia.
Después, y como una sub-pregunta, ¿de dónde vienen las armas? No hace falta mucha mala idea para darse cuenta de que los primeros beneficiados por las guerras son las empresas (públicas o privadas) que fabrican el armamento. Las públicas pueden buscar el beneficio sin más o pueden trasvasar armas a los ejércitos o guerrillas que están siendo apoyados por el gobierno "propietario" de dichas fábricas. Las empresas privadas solo buscan el beneficio, a veces por encima de la ley o por encima de los planteamientos del gobierno del país en el que fabrican. Hay, por lo visto, un complicado mundo de exportadores legales, traficantes, intermediarios semi-legales, contrabandistas que hacen el trabajo del mercado: unir la oferta con la demanda, con los consabidos efectos sobre el precio final, los porcentajes del comerciante y las comisiones del intermediario (que no suelen ser pequeñas, luego mayores tienen que ser los beneficios del fabricante).
En este informe  se intenta responder a la pregunta más sencilla (y que ya es sumamente complicada), a saber, ¿de dónde provienen las armas del EI? Evitan pronunciarse sobre el modo en que han llegado dichas armas a los insurgentes aunque, en algunos casos, parece claro que son heredadas de grupos que fueron armados por los Estados Unidos en Afganistán cuando el gobierno de Kabul era comunista, recibía la "ayuda fraternal" del Ejército Rojo y había que fomentar (como se hizo) el yihadismo de los taliban contra aquellos infieles, ateos y comunistas. Pero el informe no se pronuncia sobre esos tortuosos caminos. Simplemente constata que las armas del EI son estadounidenses, saudíes y de la insurgencia siria (que ha recibido armas de los Estados Unidos y la UE).
Podemos seguir viendo el asunto como religioso, cultural o simbólico (táchese lo que no proceda: yo tacho las tres o, mejor, las reduzco al mínimo, es decir, a banderín de enganche, no a causa). Pero tiene componentes muy materiales. Materiales, demasiado materiales. Por eso tiene sentido plantear una pregunta más: ¿A quién le conviene la guerra sin fin, mal explicada y con envoltorios evidentes de manipulación? Nunca se recordará suficientemente el papelón de Colin Powell ante Naciones Unidas "explicando" la amenaza iraquí. O el papel menor de José María Aznar en la televisión española diciendo "créanme". O el de Tony Blair afirmando que Sadam Husein podía atacar al Reino (todavía) Unido en 45 minutos. Barroso (el cuarto en las Azores, calló). Berlusconi, ni asistió. Nadie es perfecto. Pobre Kant y su La paz perpetua: ni una, tío, ni una.

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