sábado, 6 de septiembre de 2014

Nos mienten

No hay por qué pensar que estas cosas ya no suceden. Lo digo teniendo delante el último post del National Security Archive publicitando un último libro y aportando nueva documentación ahora desclasificada. Se trata de lo que se sigue llamando el Irán-Contra, un tejemaneje triangular del gobierno de los Estados Unidos para obtener fondos, desde Irán, para apoyar a la contra nicaragüense. 
Como se sospechaba en un principio, se denunció después y ahora se corrobora, lo que dicho gobierno decía no tenía necesariamente que ver con lo que hacía. Y, se da por bien sabido, no era la primera vez que, con acciones encubiertas, se violaba su propia ley (no digo el ornamental derecho internacional público) y se manipulaba la opinión pública. Son casos conocidos muy heterogéneos que van desde el Maine en Cuba que dio inicio a la guerra entre los Estados Unidos liberadores y la España colonialista al incidente de la bahía de Tonkín que dio paso a la guerra del Vietnam (que, por cierto, los estadounidenses perdieron) pasando por los rehenes en Irán (Reagan contra Carter) o Pearl Harbor (II Guera "Mundial") o el 11-S (el otro Pearl Harbor -como deseaban los neoconservadores- para iniciar la "guerra contra el terror").
Ahora el enemigo ya no es Al Qaeda (derrotado -?-, como ha dicho el presidente Obama) sino el Estado Islámico, la mayor amenaza para "nosotros" en mucho tiempo. Por lo menos, dicen desde el gobierno español, amenaza para los países fronterizos "con el Norte de África" ya que sueñan con conquistar Al Andalus.
Por pura inercia intelectual (si nos han engañado antes, igual nos están engañando ahora), se puede dudar de tan terrible amenaza. Hay razones. Tal vez no para decir que no hay tal amenaza, pero sí para pensar que no hay para tanto y que hemos vuelto a encontrar un "buen" enemigo hacia el que dirigir nuestra agresividad y que legitime nuestras andanzas militares.
También puede suceder, como en el cuento del pastorcillo que mentía al decir "que viene el lobo", que, al final, el lobo llegue. 
Y, ya puestos y aceptando que haya ahí una amenaza real -descontando la violencia en la zona, también la perpetrada por EI- unida a la de Ucrania, no estaría de más que se hiciese memoria y se recordase cómo empezó todo: por algunas mentiras iniciales para justificar violencias y escalada posterior por chapucería política de estos dirigentes endiosados por su poder militar. Se sabrá en su día hasta qué punto los talibán y Al Qaeda fueron una construcción estadounidense para luchar contra el ejército rojo que acudía a Afganístán a socorrer al gobierno de Kabul entonces comunista y ateo (infiel). O se sabrán (se van sabiendo) las verdaderas razones para invadir Irak (con las mentiras de entonces sobre armas de destrucción masiva -"créanme"- y demás mentiras). O se tendrán buenos datos sobre los asesinatos indiscriminados cometidos por "bienintencionados" drones, eso sí, con efectos colaterales. De aquellos polvos vinieron estos lodos y nadie va a pedir disculpas por el desaguisado cometido y los efectos que ha traído consigo. Eso sí: lucharemos como un solo hombre contra tales efectos o, por lo menos, diremos que tenemos un enemigo nuevo, en cuyo origen solo hay una creencia equivocada (el Islam) y no hay intereses nuestros en el terreno, solo autodefensa, y que hay que luchar como un solo hombre contra tal enemigo que nos amenaza seriamente sin que nosotros tengamos nada que ver con ellos.
Ayer, Elías Javier Lobo, en una carta al director del diario Información citaba nada menos que a Lenín: 
«Los hombres han sido siempre en política víctimas necias del engaño de los demás y del engaño propio, y lo seguirán mientras no aprendan a discernir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase»
Después los soviéticos hicieron lo que hicieron, no voy a entrar en ello ahora, pero sí plantea la necesidad de discernir en la maraña de engaños por lo menos con la herramienta de la duda metódica. Gobiernos de USA, URSS o Rusia, España o el Ecuador no se encuentran al margen de esa duda ante sus posibles mentiras. Por supuesto, alguna vez dicen la verdad. Y hasta me atrevería a decir que casi siempre, pero... cuando engañan, engañan.

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