jueves, 4 de septiembre de 2014

Independencia, de qué y para qué

Creo que es una buena idea que los nacionalistas lean este artículo publicado en The Guardian. Me refiero a los independentistas catalanes, aunque el texto que cito se refiere a Escocia y da los argumentos a favor de su independencia contestando a las dos preguntas con que titulo el post. Sobre todo a la primera y, en menor medida (cosa sospechosa), a la segunda. Y casi nada al por qué,  y menos sobre quiénes abanderan el proceso (este texto lo aborda para Cataluña).
Claro que se puede desear ser independiente por sentimientos de identidad o por sentimientos de rechazo al "otro". Por sentimientos, en cualquier caso. Pero es buena cosa, para seres racionales, plantearse, como hace Monbiot en lo que cito, en qué consiste la entidad de la que se quieren separar y enumerar sus rasgos que resulten señalados. Una entidad (Reino Unido), plagada de corruptos, dominada por el poder financiero (y no por el industrial ni, en resumidas cuentas, por la gente, los ciudadanos), incapaz de reformar la Cámara de los Lores (como en las Españas el Senado) y de acercar las instituciones al supuesto destinatario de las decisiones de los gobiernos. 
El paso siguiente va de soi: nada que objetar a que se plantee una perspectiva clara del objeto del que se quieren separar, pero añadiendo la necesidad de responder a la segunda prgunta: independencia, para hacer qué políticas. Desde ese punto de vista, unas elecciones plebiscitarias en las que se presenten programas alternativos con que gestionar la independencia es mejor que un salto a la independencia y la soberanía manteniendo la dependencia  de y el sometimiento a oscuros funcionarios y activos grupos de presión que habitan en Bruselas (en Londres, para un Reino Unido que no participa de la chapuza del euro).
El balance que hace Monbiot es favorable a los que van a votar afirmativo en el referendum de Escocia. Pero tal vez sea pertinente plantearse el problema desde el otro lado, en este caso, desde el NO o, mejor, desde los ingleses que prefieren que se vote NO. Tampoco en ese caso sea lo principal el ceñirse a sentimientos unionistas (la sagrada unidad de España o, en tono menor, la -falsamente- Inmaculada Constitución, argumento este bastante falaz, vistos los cambios que se han introducido en la -falsamente- inalterable Carta Magna) o arengar a las masas con argumentos machistas de "quién manda  aquí". 
El mismo tipo de argumento que se usa para defender el SI, es decir, el racional, se tendría que usar por parte de los unionistas, tanto ingleses como españoles. Pero igual es que los unionistas carecen de tales argumentos y tienen que quedarse en la "historia compartida", "unidos venceremos" y cosas por el estilo. En el caso español, la "soberanía nacional" quedó reducida con el ingreso en el Mercado Común, Maastricht y el euro. En mayor medida que en el Reino Unido de Inglaterra, Gales, Escocia  e Irlanda del Norte.
(Añadido el 5: Aquí una perspectiva unionista sobre el precio que habría que pagar por la independencia. Tiene un precio, como lo tiene la unión. El problema es cómo hacer el balance de modo racional, no sentimental. Las cifras se pueden comprobar y se puede negociar su aumento o disminución. Los sentimientos, reales aunque sean provocados y manipulados, no permiten una negociación tan sencilla)
(Añadido el 13, cuando la consulta ya se acerca. Greg Palast se pregunta, con un sarcasmo que me encanta, por las razones que pueden tener los independentistas para independizarse de Londres y no hacerlo de Merkel y su IV Reich, es decir, la UE -sic-, incluso deseando depender con mayor fuerza de la UE que del RU)

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