sábado, 27 de septiembre de 2014

Cuba: diplomacia clandestina

No hace mucho Obama y Castro (Raúl) han hablado de reducir (si no hacer desaparecer) las hostilidades entre sus respectivos países, enfrentados, sobre todo, por la presencia de votantes, en Miami y otros lugares, de exiliados cubanos, organizados, que han alcanzado cargos públicos relevantes y que mantienen su hostilidad hacia el régimen que les hizo salir de su país. Sabiendo que las elecciones en los Estados Unidos se ganan por muy pocos votos, no se puede despreciar a una comunidad como esa, del mismo modo que no se puede despreciar a la comunidad judía (seis millones, probablemente, aunque no tan bien organizados como los cubanos, pero sí con más medios).
El reciente cambio de tono en las respectivas invectivas contra el otro esconde una realidad: el hecho de que ambos gobiernos han estado negociando por lo menos desde julio de 1975. Ahora hay detalles, que publica el National Security Archive, sobre aquella reunión en la habitación 727 del hotel Pierre de Nueva York.
El vocabulario público podía seguir siendo el mismo y lo ha seguido hasta hace muy poco y hasta ahí no más. El gobierno de los Estados Unidos (es decir, sus cargos electos que necesitan el voto cubano) luchaba ardientemente para conseguir un cambio de régimen y el gobierno cubano mantenía su campaña contra el "imperio" en general y el bloqueo en particular. El bloqueo, cierto, ha influido en la renqueante economía cubana. Pero más ha influido la desaparición de la URSS y su "ayuda fraternal", que dio paso al "periodo especial". Y, sin negar los logros de la "revolución", que son evidentes también, queda por achacar una parte de los problemas a la mala gestión y a la corrupción (no lo digo yo, sospechoso de amigo de "gusanos": lo dicen sus líderes, empezando por Fidel).
La incompatibilidad absoluta entre ambos gobiernos corría en paralelo con las conversaciones, iniciadas en tiempos de Kissinger, que se han mantenido discretamente hasta la actualidad. Una razón más para no dejarse entusiasmar por las soflamas de unos y otros. No viene mal, en aras del conocimiento, aunque tal vez no de la movilización, mantener una discreta duda metódica ante tales entusiasmos. Si se opta por uno u otro, mejor hacerlo sin tales entusiasmos, que, si no, más dura será la caída.
(Añadido el 2 de octubre: Las negociaciones iniciadas bajo Kissinger no excluían que, al mismo tiempo y siempre según los documentos desclasificados que publica el NSA -no confundir: National Security Archive-, el que el gobierno de los Estados Unidos estuviese considerando la posibilidad de un ataque militar directo)

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