lunes, 1 de septiembre de 2014

Criminalizar empresas

The Economist de esta semana (lo he leído en papel) dedica varias páginas a la criminalización (sic) de empresas en los Estados Unidos. Son los casos del  Bank of America, Goldman Sachs, Standard Chartered, Morgan Stanley, Citigroup, Credit Suisse o Barclays en una lista interminable. La revista cita una base de datos en la que se recogen las 2.163 condenas contra empresas desde el año 2000 a la actualidad y los 303 acuerdos para evitar la condena como los 17.000 millones de dólares del Bank of America o los 1.200 millones con Goldman Sachs, si la vista no me engaña. La revista considera que esa criminalización es una mala noticia para el capitalismo.
Para los que piensan que el dicho del Manifiesto Comunista ("el gobierno es el consejo de administración de los negocios de los burgueses") es verdad revelada, esto puede ser mala noticia que no encaja con la revelación. Ese es el primer comentario. Hay, además, otras posibles observaciones.
La primera, moralista, se refiere a los malos tiempos que nos ha tocado vivir, con la moral por los suelos y el "todo vale" como norma básica hasta el punto de que hasta los gobiernos tienen que intervenir para que esto no se convierta en un caos absoluto. No me convencen. Es una visión demasiado positiva de los gobiernos. Y sobre la decadencia moral de Occidente, se viene hablando desde tiempo de los romanos, así que olvidémoslo.
La segunda, en cambio, va en la misma línea de los perplejos creyentes en el Manifiesto. Se refiere a lo que los progresistas estadounidenses llaman "business politics", política basada en los negocios, no solo porque de ahí provienen las partes más jugosas de los presupuestos para campañas electorales sino también por la misma composición de la Cámara de Representantes y, sobre todo, del Senado estadounidense, llenos de millonarios.
Interludio: entre las empresas puede haber competencia, pero, al margen de los acuerdos para alterar el precio de las cosas, comportamiento harto frecuente, también hay un profundo acuerdo para mantener el sistema de "libre" mercado, es decir, mercado gestionado como gestionada está la sociedad (en el Japón, con nombre explícito, kanri shakai).
Y por ahí puede venir la explicación. 
Primero, porque, quitando algún caso extremo como el de Madoff, no hay muchos gestores de esas empresas y bancos en la cárcel, lo cual llama la atención vista la debacle que han producido.
Segundo, porque los casos más llamativos no son de condenas sino de acuerdos para evitarlas, es decir, "yo pago y pelillos a la mar".
¿Qué hay, entonces? Pues una rebaja del dicho del Manifiesto y del dicho estadounidense. No hay para tanto, pero sí que hay.
La furia en pos del beneficio y el hiper-enriquecimiento lleva a comportamientos que ponen en riesgo el sistema, así que hay que introducir alguna rebaja para que no haya que llegar al lampedusiano "se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi". Claro que queremos que todo siga igual, pero sin necesidad de que todo cambie, así que introduciremos unos cotos a los desmanes de algunas "manzanas podridas" para que todo siga igual. La "criminalización" no va contra el capitalismo, como dice The Economist, sino a su favor. Lo que iba en contra del capitalismo era (es) el comportamiento de estas grandes empresas. Y no te digo si incluimos las que cometen pecadillos fiscales y, peor, las que tienen que ver con el medioambiente (el próximo informe del PICC insiste en que algo hay que hacer el respecto, pero el caso es que no se hace).
Las versiones mecánicas, automáticas y dicotómicas de la realidad social pueden ser entusiasmantes y movilizadoras, pero no se corresponden con la verdad de las cosas.   Si se quiere ser revolucionario, tal vez no vendrá mal recordar a otro clásico (este, en cambio, incitable por políticamente incorrecto) que decía que "la verdad es revolucionaria". Angelico.

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