miércoles, 23 de julio de 2014

¿Qué futuro para nuestros nietos?

Keynes publicó en 1930 un  texto que tituló Las posibilidades económicas de nuestros nietos. Escrito con un optimismo digno de mejor causa, sus previsiones para 2030 difícilmente las compartiríamos ahora: no tuvo muchos aciertos al tratar del crecimiento, el empleo, el dinero o el tiempo dedicado al trabajo.  Argumento básico: “Cuando la acumulación de riqueza ya no sea de importancia social, habrá grandes cambios en el código moral. Seremos capaces de librarnos de muchos de los principios seudo-morales que nos han atormentado durante doscientos años, mediante los cuales hemos exaltado las más desagradables cualidades humanas como si fueran grandes virtudes”. A estas alturas, la búsqueda sin fin del beneficio, junto al papel que la desigualdad social ha jugado en nuestras sociedades (asunto que, por cierto, Keynes no consideraba), hacen que el futuro para nuestros nietos sea todo menos tan de color de rosa como imaginaba el economista y no solo en lo económico, que ya se las trae. Y digo nietos por mantener su vocabulario. Se me ocurren tres temas que tendrán que sufrir “nuestros nietos” si no se toman decisiones al respecto. De momento, tales decisiones brillan por su ausencia. Vayamos a esos temas.
1. Nuestros nietos tendrán que sufrir una transición energética que va a suponer un cambio de civilización. Claro que va a haber un paso del petróleo a otras energías, sean o no renovables. Pero ese paso va a ser muy complicado: es un cambio de civilización que puede ir acompañado de guerras parecidas a las que vemos ahora, guerras por el dominio y acceso a lo que vaya quedando del petróleo, cuyo "pico" es posible que ya lo tengamos ante nuestros ojos aunque no queramos verlo. Todo ello más allá de la supuesta inestabilidad de los precios del petróleo debida a la constatable inestabilidad de muchos países productores. La producción de noventa millones de barriles diarios no puede durar eternamente.
2. Nuestros nietos tendrán que afrontar cuestiones complicadas en el campo de la alimentación. Si la población sigue creciendo y la agricultura no puede responder a esas demandas, la escasez puede tener efectos desastrosos. La respuesta de los alimentos transgénicos tiene sus problemas mientras carecemos de perspectiva temporal suficiente como para evaluar sus posibles efectos. Pero, sencillamente, el acceso a tierras productivas puede ser una fuente adicional de conflictos, cosa que algunas grandes fortunas parecen conocer y por ello dedican ingentes sumas de dinero para hacerse con tales tierras cultivables en África y América. El plazo para prevenir el agotamiento de los caladeros es todavía menor.
3. Nuestros nietos sufrirán, si no se hace nada para evitarlo, una crisis medioambiental. Las consecuencias de un aumento de las temperaturas se han ido anunciando: sequías, inundaciones, temperaturas extremas, elevación del nivel del mar, cambios en la corriente de El Niño...
Lo peor a lo que tendrán que enfrentarse es que, en el mejor de los casos, se habrán tomado decisiones para reducir el impacto de los tres temas anteriores, pero difícilmente las habrá habido para la interacción entre ellos. Y estas son las cuestiones adicionales.
a. Crisis medioambiental y transición energética. La búsqueda desesperada de nuevos yacimientos y el uso de nuevas técnicas para la extracción, como el "fracking", pueden tener impactos indeseables sobre el medioambiente y terremotos. Por su parte, la crisis medioambiental puede hacer aparecer nuevas demandas sobre la energía que no necesariamente estaban previstas ni necesariamente van a poder ser abordadas por los gobernantes del momento.
b. Problemas alimentarios y crisis medioambiental. La relación es obvia. La escasez de alimentos puede ser agudizada por la crisis medioambiental, sobre todo por la ya observable escasez de agua potable a escala mundial, aunque igualmente por las sequías, inundaciones y cambios de clima. Pero el intento de responder a la escasez con cualquier medio (sea o no sea seguro) puede, del mismo modo, agudizar la crisis medioambiental tanto por la roturación de terreno destruyendo bosques como por la introducción de elementos, como los alimentos genéticamente modificados, cuyas consecuencias a medio plazo se desconocen.
Volvamos a un tema que estaba en el texto de Keynes: el crecimiento económico y la ausencia de los "sentimientos morales" de los que hablaba Adam Smith y que, de alguna forma, aparecen en dicho texto. Los casos de la China, Ecuador, Perú o España (Canarias, Baleares) proporcionan ejemplos, mediante las declaraciones de sus gobernantes, del modo con que se someten todas las posibles consideraciones (ambientales, sociales) a dicho crecimiento, fin de toda actividad que lleve al beneficio. Nunca mejor dicho, a cualquier coste.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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