sábado, 7 de junio de 2014

Mitos buenos y mitos malos

Este texto, que vale la pena sobre el "Baguazo" en el Perú, comienza con una cita de un expresidente (que, por cierto, podría volver a serlo) mostrando, no disimulando, su desdén hacia las culturas tradicionales de su país. Es una actitud muy difundida hacia los mitos de los demás... sin reconocer los propios. Casi parece, como titulo, que los mitos de los demás son despreciables y los propios ¡no existen!. Pero haberlos, haylos.
Sin ir más lejos, en la cita del ex-presidente ya hay uno: el mito del Paraíso cristiano. Pero en su trayectoria desde lo del "perro del hortelano" hay muchos más. Así, a vuelapluma (o a vuela-teclado), se me ocurren algunos:
Primero, el mito del crecimiento ilimitado, o sea, sin límites. Es básico en la civilización capitalista (no solo la llamada "civilización occidental"): se puede crecer sin limitación alguna. Y se debe crecer ya que no existen tales límites y hay que responder al empleo (versión retórica) y a la acumulación incesante de capital (algo más real). Política económica convencional.
Segundo, el mito bíblico (judeo-cristiano, o sea, liberal y marxista) del dominio del hombre (varón, generalmente) sobre la Naturaleza. No solo "creced -sin límites- y multiplicaos" sino "dominad la Tierra". Política económica agresiva hacia el medioambiente.
Tercero, el mito de una Humanidad al margen de la Naturaleza: una cosa son los humanos y otra, separada y distinta, eso que hay ahí fuera (a la que, como se ha dicho, hay que dominar). Política económica sin contar con las "externalidades".
Tal vez alguno de estos mitos sean "verdaderos", pero, de todas formas, son de difícil demostración aunque están detrás de actitudes como las del exmandatario. Pero se pueden añadir algunos mitos más:
Por ejemplo, respecto al petróleo. Lo escuché esta semana en boca de un secretario de Estado español en el Día del Medio Ambiente. Sí, claro -decía-, sabemos que se acabará, pero mientras tanto, tenemos que tomar decisiones en el día a día, hacer prospecciones y poner los medios para conseguir esa energía (probablemente, con poco interés en las renovables y un cierto interés por el "fracking" y la energía nuclear, aunque eso no lo dijo).
Y ya que entramos (en realidad, no habíamos salido) en el terreno de la política, algunos de los problemas de las democracias contemporáneas vienen de los mitos que se están viniendo abajo. Todo estos puntos de un texto sobre la "democracia en crisis" que adapto a la presente discusión:
1. El actor fundamental es el Estado. Falso. Está superado por arriba y está siendo superado por abajo. En lo militar, en lo económico, en lo cultural, ¡en lo político!
2. Lo fundamental del Estado es su política económica. Discutible. Hay muchas cosas más: participación, identidad, seguridad, paz, bienestar, (solo para socialdemócratas: lucha contra las desigualdades) y cosas por el estilo.
3. "Trabajamos para el futuro". Falso. Se trabaja para las próximas elecciones.
4. La soberanía reside en el pueblo (en la mejor de las circunstancias) y se ejerce en el parlamento. Falso. Tal vez esa cosa abstracta llamada soberanía resida ahí o vaya usted a saber dónde, pero sí está claro que el parlamento (según el punto 1) está superado por el ejecutivo (y más en los sistemas parlamentarios con mayoría) y por muchas instancias por encima del ejecutivo. Políticas (la UE), económicas (FMI, BM, OMC), sociales (la "cosmocracia") y, en algún que otro caso, culturales (el peso de algunas religiones sea en países de mayoría católica o en países en los que los partidos fundamentalistas tienen la llave de la gobernabilidad -tipo Israel-. Y, también pero no solo, en países que tienen la sharia como constitución política del Estado)
5. La transparencia de los gobiernos es la base de la democracia. Falso. Para ser elegido hay que mentir o por lo menos, disfrazar. Y para seguir en el gobierno hay que recurrir a empresas de relaciones públicas que ayuden hasta a usar la palabra "correcta" en cada caso.
6. La democracia es algo más que votar. Falso. Es, de hecho, algo menos.
Alberto Piris citaba hace poco a Orwell, a propósito de Palestina-Israel (ignoro la fuente, pero me encanta el texto): 
“Todo nacionalista es capaz de los más flagrantes engaños, a la vez que se siente sólidamente en posesión de la verdad, porque es consciente de que está al servicio de algo que le es muy superior”
Pues si: el mito le es superior.
Para terminar, una sonrisa sobre el mito del Día-D, el 6 de junio en el que los Estados Unidos iniciaron el fin de la II Guerra Mundial en un heroico desembarco en Normandía, Francia. No es un invento. Existió. Ese no es el mito. El mito consiste en la exaltación de una parte y el olvido de otros elementos, por ejemplo Stalingrado como inicio del fin de la II Guerra Mundial. Curiosos, al respecto, estos dos textos: uno, de un francés (traducido al español); y otro, de un estadounidense (ese sí en inglés).
Efectivamente, los mitos malos son los de los otros en general y los contrarios a los nuestros en particular. Pero es imposible prescindir totalmente de ellos. Como se dice aquí a propósito de la Guerra Civil estadounidense, lo más que podemos pretender es que nuestros mitos se acerquen lo más posible a la realidad.

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