miércoles, 18 de junio de 2014

El nuevo orden mundial

Es posible que el nuevo orden mundial no sea, precisamente, muy ordenado. Ese es el escenario que se explora aquí, en Foreign Affairs. Un mundo caótico al que difícilmente se le puede atribuir lo de "sistema mundial" y en el que los gobiernos no son los únicos actores sino que están acompañados por grandes empresas, ONG internacionales, mafias, narcotraficantes y otros delincuentes. No es impensable, como se demuestra en el artículo que cito. Pero hay más posibilidades:
1. Que el "orden" se restablezca por recuperación de la hegemonía de los Estados Unidos, cuya decadencia viene anunciándose ("que viene el lobo") desde los años 80 del siglo pasado. Pero podría recuperarse como la recuperó Inglaterra cuando volvió a "rule the waves".
2. Que sea sustituido por otra potencia hegenónica, en cuyo caso hay que preguntarse "por quién". Rusia lo intentó mediante la URSS y, por lo visto, Kruschov/Jruschev (nunca sé cómo se escribe) estaba convencido de que "bailarían sobre la tumba" de los capitalistas, e.d. de Estados Unidos. Japón pareció que podía hacerlo, pero su burbuja inmobiliaria les dejó en una debilidad aparentemente irrecuperable. La Unión Europea ni está ni se la espera. Como para ser eurocéntrico a estas alturas. La China tiene economía y población y trabaja en lo militar y en lo energético, pero no parece que vaya a obtener la aceptación que tuvieron los Estados Unidos en tiempos de Marx (recuérdese la carta de don Carlos a los obreros estadounidenses). Pero que todos estos la tengan cruda, no significa que la tengan imposible.
3. Que no haya potencia hegenónica sino un triunvirato, una "tríada": USA, UE y ¿Japón? O algo sustituyendo a la UE y su "brillante" política exterior, su excelente gestión colectiva de la economía, su presencia cultural en el mundo, su independencia energética y demás rasgos definitorios de la región.
4. Que no sean tres sino 7, es decir, los tres anteriores más los BRIC (no se incluye Sudáfrica). Cada cual con su correspondiente corte de satélites o sometidos.
Esta simpática hipótesis no tiene por qué ser de fronteras definidas, como era el mundo de la Guerra Fría. La China podría jugar sus bazas en América Latina (bajo hegemonía local brasileña) y en África (bajo hegemonía local europea o sudafricana, aunque dudo de ambas hipótesis), además de su ya evidente presencia en el sureste asiático. El encuentro G-77+China celebrado en Bolivia da para muchas reflexiones al respecto, digan lo que digan los entusiastas de un "nuevo orden contrahegemónico" o los defensores del Vivir Bien como alternativa.
Lo que aporta el artículo que cito al principio es que debilita notablemente las cuatro posibilidades que acabo de resumir al mostrar el excesivo peso "estadocéntrico" que tienen. No es que el Estado vaya a quedar obsoleto (como dijeron algunos exegetas de la globalización). Parece, más bien, lo contrario, y más viendo cómo hay entidades subestatales en todas partes y que desean llegar a tener su propio Estado. Pero un análisis del mundo únicamente en términos de Estados (o, peor, de gobiernos) es, con la que está cayendo, demasiado limitado. Lo malo es que introducir esos actores tiene como efecto el que no se vea el "orden" con facilidad. ¿Entropía? ¿Caos?

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