lunes, 14 de abril de 2014

Reacción reaccionaria

Pasada la moda "progre", parece que entramos en la moda "carca" con algo en común: evitar hacer análisis concretos de situaciones concretas que haberlos haylos, pero son sepultados por la retórica de los de ahora como lo fueron por los de antes. 
Para evitar  caer en lo que pretendo describir, añadiré que progres y carcas siguen coexistiendo, pero que creo que son estos últimos los que tienen el viento a favor o, mejor, los que surfean con la ola. De hecho, encuentro mayor uso del insulto como argumento entre los carcas contra los progres que viceversa (aunque volveré a este tema en un par de días). "Izquierdista infantil" es lo más suave y me aparece desde diatribas de Rafael Correa, presidente ecuatoriano, hasta artículos en el periódico en el que escribo periódicamente. Pero no es todo.
Hacía tiempo que no leía lo de "menos Estado, más Mercado". En mi ingenuidad había creído que las "crisis" que padecemos nos habían vacunado contra tal eslogan, viendo cómo los que lo habían predicado corrían presurosos a cobijarse bajo las benévolas alas de Papá Estado, mostrando, una vez más, que se trataba de un Estado de Bienestar para Ricos que sólo se preocupará de los Pobres cuando estos pongan en dificultades el tren de vida de los Ricos (si, por exceso de Pobres, hay menos demanda de determinados bienes, no importa: hay más productos, en particular los financieros y "el que venga detrás, que arree".
En el mismo periódico he leído una ditirámbica defensa del "mercado libre" (no veo cómo encontrar el enlace) como la que se producía bajo la héjira del "menos estado, más mercado". La referencia a Adam Smith es obligada: oferta y demanda se encuentran gracias a la mano invisible y cualquier sistema alternativo será peor, como demuestra la China de la Revolución Cultural (no la actual, claro).
Voy a suponer que la mano invisible no son los "sentimientos morales" de los que hablaba Smith. Y voy a olvidar lo que él dijo sobre la legislación a favor de los obreros ('siempre justa y equitativa') y a favor de los patronos (no siempre positiva). Pero sí entraré a lo que Smith decía sobre la tendencia de los empresarios a alterar el precio de las cosas mediante acuerdos a puerta cerrada. Porque resulta que ese idílico "mercado libre" funciona "contra" las pequeñas y medianas empresas (y contra algunos más) pero no siempre entre las grandes. Y no siempre se aplica
Por ejemplo, en el sector financiero donde las denuncias tanto de los Estados Unidos como de la Unión Europea contra los grandes bancos indican que, por lo menos de vez en cuando, la supuesta "ley" de la oferta y la demanda no se aplica. En una página tan poco sospechosa como la del Banco Mundial se puede encontrar este trabajo  describiendo cómo se manipulan los tipos de cambio para beneficio propio.
Lo de oferta y demanda tampoco se aplica muchas veces en el sector de la energía desde la producción a la venta pasando por la distribución. Anecdótico pero sintomático: los precios en las gasolineras tienen poco que ver con dicha "ley" desde los acuerdos entre empresas a las misteriosas diferencias en los precios en las gasolineras entre lunes y viernes.
Encima, el "libre mercado", caso de existir -existe, sí, para las pequeñas y medianas empresas-, no soluciona, sino que agrava, el problema mediambiental al convertirlo en un "negocio floreciente" y no precisamente para las cooperativas.
No son argumentos contra el sistema capitalista, como suponen los que ahora lo publican. Se trata, sencillamente, de constataciones del modo en que funciona dicho sistema que, por cierto, abarcó en su lógica (la ley del valor, la búsqueda incesante del beneficio) a los llamados "sistemas comunistas", contra los que ahora se baten los que siguen atrapados en la lógica de la Guerra Fría USA-URSS que fue, aparentemente, entre sistemas, pero que realmente era entre potencias luchando por la hegemonía. Lógica que, equivocadamente, aplican a esta nueva Guerra Fría entre USA y Rusia con la Unión Europea haciendo de rehén en lo energético como lo fue en lo armamentístico en la Guerra Fría anterior y, en concreto, en la "crisis de los euromisiles".
Adivine quién ha dicho "tenemos que despedirnos del sistema económico actual". ¿Un antisistema? Y el que ha dicho que la civilización industrial (aka capitalismo) se encamina a un "colapso irreversible", ¿otro antisistema? En cambio, los "rojos" ya no hablan de la "crisis terminal del sistema". Eso lo dejan para los antisistema recién citados.
Esta moda "carca" incluye, junto a estas florecillas intelectuales, actitudes, retórica y comportamientos muy particulares contra los "antisistema" que ellos etiquetan como tales y se convierte en una forma más de no entender qué está sucediendo. Pero tampoco importa. El que tiene la sartén por le mango y el mango también tampoco tienen por qué entender el mundo. Les basta con transformarlo en beneficio propio. A insultos y bastonazos si hace falta. O ley y orden, si se prefiere algo más clásico.
(Añadido el 16: un "rojillo" estadounidense, que haberlos haylos, va más lejos y dice que el mercado no es la solución sino el problema. Exageradillo, aunque la situación que describe eriza los pelos)

1 comentario:

  1. Creo que son más antisistema los que saquean las arcas del Estado que los que rompen cajeros automáticos y queman contenedores, pero entiendo el epíteto: desde el punto de vista sociopolítico y geopolítico, el mundo es un sistema diseñado para y por los poderosos, conocido también castizamente como ‘Ley del Embudo’

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