viernes, 11 de abril de 2014

Monarquías hereditarias

Casi por definición, todas lo son. Diferirán en quién hereda (si hijo o hija o pariente que el rey designe), pero al final, el sucesor (a título de Rey) hereda el cargo.
Hay formas parecidas, como la de Korea del Norte, donde tres generaciones de Kim se han sucedido como "queridos líderes" con poderes propios de las antiguas monarquías absolutas.
Y hay formas suaves, con el "dedazo" con que el líder saliente designa a quien le sucederá en el cargo (a título de presidente). En este caso, el sucesor tiene que pasar por las urnas y nada le garantiza, como le sucedió a Rajoy receptor del "dedazo" de Aznar, que las urnas le sean propicias.
Hay formas todavía más suaves. Cuando acabó el "reinado" de Bush II y antes de que empezaran las primaras para elegir a quien se enfrentaría a las elecciones presidenciales planteé los que serían mis candidatos a la "coreana": Jeb Bush y Hillary Clinton. Me equivoqué con Bush, pero no con Clinton, que sí concurrió a las primarias para perderlas ante Obama. Ahora, terminado el "reinado" de Obama, vuelve a plantearse la cuestión dinástica sensu lato y el hermanísimo (gobernador en el Estado cuyo tribunal superior dio la victoria Bush II) comienza a tantear la posibilidad de presentarse para el cargo de Bush III mientras Clinton hace lo propio. Los "progres" desdeñan a este Bush (aunque hay quien dice que es el inteligente de la familia) y los "carcas" lanzan contra Clinton los argumentos más "serios" que se les ocurre: sexo. Pero, sea como sea, la familia es la familia. 

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