miércoles, 2 de abril de 2014

Discutir el cambio climático

Algunos argumentos son chuscos, tanto en pro como en contra. A favor, el que el verano que viene va a ser particularmente caluroso por aquí, cosa que está por ver. En contra, que el invierno ha sido especialmente frío en Estados Unidos. Ya comenté esta particularidad hace unas semanas: primero, el Planeta es un poco más grande que los Estados Unidos (cosa impensable para algunos estadounidenses) y mientras allí hacía un frío que pelaba, en el hemisferio Sur se estaban asando; segundo, que la discusión se basa no en temperaturas puntuales de una determinada estación en un determinado paraje del Globo, sino en tendencias de temperaturas medias; tercero, que la tal temperatura media ha seguido aumentado (argumento a favor del calentamiento), pero que lo ha hecho por debajo de lo que habían previsto los modelos (argumento en contra del alarmismo de dichos modelos); pero, cuarto, que el deshielo del Ártico ha aumentado por encima de lo que habían previsto los modelos.
Es obvio que carezco de capacidad para bajar a detalles sobre levantamiento de datos y su consiguiente modelización, paro creo que sí soy capaz de juntar lo que algunos informes, nada sospechosos de estar vendidos al oro no de Moscú sino de Greenpeace. La lista incluye el Living Planet que todavía puede ser considerado sospechoso. Pero no me dirán que el informe del Banco Mundial Desarrollo y cambio climático lo es o el del PNUMA (es su campo) Climate Change 2013 a partir del cual sabemos: “El calentamiento del sistema climático es inequívoco desde los años 50’ con cambios sin precedentes: La atmósfera y los océanos se han calentado; la cantidad de nieve y hielo ha disminuido; el nivel del mar ha aumentado; y también la concentración de gases de efecto invernadero”.
Un paso más. El consenso entre científicos no es garantía de que el tema sea cierto (los científicos del tiempo de Galileo afirmaban que el Sol era el que se movía), pero el caso es que tal consenso es alto. No total, pero sí amplio. La pregunta, entonces, es ¿por qué no se toma la cosa en serio y se queda en sosteniblablá, cháchara que llena encuentros internacionales sin grandes decisiones? Como siempre, hay varias respuestas.
La primera y más evidente es que eso es lo normal. Jared Diamond documenta colapsos de otras sociedades que no se dieron cuenta de lo que se traían entre manos, se equivocaron o prefirieron bregar en otra dirección y se colapsaron como sociedad. Los “rapa nui” de la isla de Pascua son el caso más llamativo. La diferencia, ahora, es que no se trata de unas islas sino del Planeta en su conjunto.
La segunda, con elementos de la anterior, es la diferencia entre el corto y el largo plazo. Los gobiernos trabajan en el corto (las próximas elecciones) y en ese plazo no les apetece proponer recortes medioambientales que les harían perder votos. Y el que venga detrás, que arree.
La tercera solo cambia a los actores de la anterior. Ya no hablamos de gobiernos sino de grandes empresas. Se conocen los fondos que algunas de ellas han dado a instituciones y autores que han resultado ser “negacionistas” y cuyas deducciones coincidían con los intereses a corto plazo de dichas empresas. Como dice un analista, “Las empresas no son necesariamente malvadas, aunque algunas lo son de manera diabólica.  No pueden evitarlo. Hacen lo que se supone que tienen que hacer para conseguir el beneficio de sus accionistas”.
Véase, a este respecto, las 15 primeras empresas en emisión de CO2, con previsible poco interés en el problema: Chevron, ExxonMobil, Saudi Aramco, BP, Gazprom, Royal Dutch/Shell, National Iranian Oil Company, Pemex, ConocoPhillips, Petróleos de Venezuela, Coal India, Peabody Energy, Total, PetroChina y Kuwait Petroleum Corp.
Esta tercera razón se combina mal con la cuarta, pero es fuente de algunas reflexiones desmitificadoras. La cuarta es que los efectos previstos del cambio climático (esos 3-4 grados para 2100 -largo me lo fiáis-) son mucho más duros para los países periféricos que para los centrales y como los que mandan son los centrales... y las grandes empresas también de países periféricos...
Hay una quinta y puede ser trágica: hay negocio no en evitar el cambio climático sino en “gestionar” sus efectos aunque, a largo plazo, sea suicida para la especie  humana. Cierto que, según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático este podría costar al mundo 1,45 billones de dólares. Pero, mientras, algunos podrían hacer caja. Un “booming business”, floreciente negocio, para algunos animales racionales.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Añadido el 3: el problema de fondo es que se trata de un problema social, de naciones ricas y pobres y de "los de arriba" y "los de abajo". Los hay más pesimistas que yo: http://americablog.com/2014/04/ipcc-accidentally-proves-international-cooperation-climate-change-dead.html)

1 comentario:

  1. Como en cualquier asunto complejo, lo primero sería estableces una terminología clara y bien delimitada y consensuar conceptos. para empezar, 'cambio climático' es casi un pleonasmo; el clima es una sistema osciloscopio que cambia a lo largo de la historia del planeta en ciclos de diversa amplitud temporal, desde los de rango corto, que miden las estadísticas meteorológicas, hasta los medios, como las glaciaciones dentro de un periodo geológico, o las largas. Segundo, la confusión precisamente entre meteorología y clima, asuntos distintos aunque relacionados, sobre todo en términos de previsión. El profano no se pregunta la dificultad creciente de pronosticar el tiempo que va a hacer según nos alejamos en la previsión hacia el futuro y en cambio la exactitud demoledora de la astronomía, por ejemplo, calculando en fracciones de segundos un eclipse para dentro de mil años. Pues el clima y su previsión es compleja, porque además, como señalas al comienzo de tu entrada, territorializar los modelos de previsión complica aún más todo. Finalmente, atribuir la parte proporcional de las actividades humanas en el cambio climático (admito la redundancia por necesaria) es muy difícil, otra cosa es negar su influencia, que es obvia si se examinan tendencias desde la revolución industrial.

    Pero más que el calentamiento (peor en los países pobres que se sitúan en latitudes bajas, y peor en las nuestras templadas que en las altas), lo grave es la creciente incertidumbre (imprevisibilidad) y la mayor explosividad de los fenómenos atmosféricos (por aumento de la energía en las cubiertas fluidas de la Tierra: océano y atmósfera, que hacen, por ejemplo, que las primas de los seguros agrícolas en EEUU suban hasta niveles que incitan a abandonar en las explotaciones...etc. Eso sí el Panel Internacional del Cambio Climático (IPCC) es la mayor reunión de científicos que el mundo ha dado en toda su historia y no son sospechosos de parcialidad, aunque sufren presiones de todo tipo del mundo empresarial, financiero y político

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