sábado, 5 de abril de 2014

Cambio climático y desigualdad

Indiqué, en el post anterior, los intereses contoplacistas que podían estar detrás de la lentitud con la que los gobiernos (y los ciudadanos o súbditos) asumen que hay un problema con el clima y que hay que hacer algo a ese propósito. Gobiernos que no quieren arriesgarse a perder las siguientes elecciones y altos ejecutivos que no quieren arriesgarse a perder la siguiente asamblea de accionistas o, peor, consejo de administración.
Después de eso, encontré un sombrío artículo explicando por qué la dificultad para la cooperación entre países en este asunto podía tener una raíz adicional: que los países ricos (los causantes) tienen intereses diferentes a los de los países pobres o, mejor, empobrecidos (los más afectados). El artículo viene a decir que no va a haber tal cooperación y hace referencia al progresivamente filtrado informe del Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC).
Se podía suponer que se trataba de uno de los "sospechosos habituales". Pero ahora es el Banco Mundial, por boca de su Presidente, el que, en una entrevista, hace el enlace entre el problema con el clima y la desigualdad entre países. Si el artículo anterior puede ser tachado de catastrofista, las posibilidades que desgrana Jim Yong Kim no son menores y, una vez más, incide en que los posibles y previsibles efectos pueden ser catastróficos para los países empobrecidos (la cuestión del agua, por ejemplo), pero, a la larga, para toda la especie humana (no para todo el Planeta, que seguiría tan ricamente sin esa especie de cáncer con metástasis que le salió con la especie humana -la metáfora no es mía, es de Chomsky, pero no tengo la cita a mano). El Banco no se alinea con los "negacionistas" y ha abierto una página en su web dedicada al asunto (en castellano, aquí)
Le Monde publicó hace unas semanas un mapamundi interactivo sobre los efectos del calentamiento global (Por cierto, la cuestión de cómo se llame el tema no es inocente y, de hecho, empresas de relaciones públicas estadounidenses han indicado cuál es la mejor manera de referirse a él sin levantar "preocupaciones" excesivas en la población).
Por mi parte, añadiría un detalle que ya estaba en el post anterior que cito al principio. No es solo cuestión de países (enriquecidos, empobrecidos) sino también de grupos sociales. De hecho, altos ejecutivos de algunas multinacionales de los países empobrecidos, sean privadas o públicas, están tan interesadas, en su contoplacismo, en que el tema pase sin pena ni gloria como interesados están los altos ejecutivos de algunas multinacionales de los países enriquecidos. Pienso, por ejemplo, en el papel de multinacionales de un tipo u otro, de una propiedad privada o pública, en el llamado "extractivismo" latinoamericano. No son países los que están enfrentados. Son élites que, siguiendo la tradición, dirán, como el rey francés Luis XV, "après moi le déluge", después de mí, el diluvio
Es, cierto, un problema de "ciencias duras" (como los científicos del IPCC). Pero su solución (si es que la hay) pasas más por asuntos a los que se refieren las ciencias "blandas" (si es que son ciencias) como las políticas y las sociales.

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