miércoles, 16 de abril de 2014

Argumentar insultando

El secreto está en los adjetivos, aunque muchas veces también los sustantivos trasmiten argumentos. Lo primero que encuentro es esta cita: “El recurso al insulto contra quien discrepa es la mejor prueba del irracionalismo” (Antonio Elorza, sobre Cataluña). Eso también. Pero antes había leído: “La prostitución de las palabras, como señaló Orwell, es la primera proeza de todo Gobierno de vocación totalitaria” (Mario Vargas Llosa, sobre Venezuela). Tal vez sea así, pero, me parece,  no solo puede ser propio de “todo Gobierno”. También puede ser “proeza” del pensamiento “de vocación totalitaria”, venga de donde venga, y no solo de los objetos del discurso, sea el que sea, Cataluña o Venezuela.
El caso de Venezuela me preocupa personalmente. Tengo amigos allá y en todo el espectro ideológico, lo cual hace todavía más complicado aclararme con lo que está sucediendo realmente ya que cada cual procederá a arrimar convenientemente el ascua del dato a su sardina ideológica. Eso lo doy por descontado, así que procuro separar las voces de los ecos intentando, inútilmente, entender la situación. En cambio, lo que me resulta particularmente inútil para mi objetivo de comprensión son las salidas de tono en forma de insultos. Las comprendo, claro. Es una forma como cualquier otra de descargar adrenalina, pero, a lo que sé, acaban dando gato por liebre.
Obsérvense los adjetivos usados en la siguiente lista que reproduzco por orden de aparición: “Asfixia sistemática de la libertad de impresión”; “empresarios adictos”; “catastrófica situación económica del país”; “descarnada y trágica situación”; “intervencionismo sistemático”; “burocratización cancerosa”; “pavorosa situación”; “medidas populistas”; “infeliz pueblo venezolano”. Nada se prueba, pero sí se cualifica y se evalúa.
No sé si se trata, como diría otro autor en la misma dirección que Vargas Llosa, de “arteras soflamas”, “sandeces intencionadas”, “estupidez infinita”, “mostrenca y pedestre”  o “estulto silencio”. Parece que no. Pero la ayuda para aclararse en el galimatías de la información en torno al asunto no es mucha. Como tampoco el “izquierdistas/ecologistas infantiles” que utiliza el presidente Correa para zanjar autorizadamente sus diferencias con quienes parecen estar teniendo motivos.
Hay muertos y heridos en Venezuela que cada una de las varias (no solo dos) posibilidades de enfocar el tema verá de forma diferente si se trata de nuestros muertos o sus muertos. Pase. Pero calificarlos de una forma u otra no sirve de mucho.
Vayamos, entonces, a un artículo publicado el mismo día que el de Elorza. En él se arremete contra Hans Dieterich, un intelectual que ha estado muy presente en los asuntos de la zona, uno de los más activos en la elaboración de lo que se llamó, en su momento (ahora un tanto de capa caída como retórica), “socialismo del siglo XXI” con Chávez a la cabeza. Pero resulta que Dieterich, después de haber apoyado al chavismo de Chávez, ahora, con Maduro, expone sus distancias e intenta enumerar los fallos del sistema y de sus prácticas. Este nuevo artículo arremete contra tales distancias y enumeraciones críticas e intenta desmontarlas, terminando su artículo con un “Dieterich  puede tener alguna relevancia para algunos, pero no para los revolucionarios que conocen sus sórdidas intenciones como intrigante, manipulador, especulador ideológico e instrumento de divisiones. De sus ideas sobre el Socialismo del Siglo XXI solo le queda una triste fachada de guarimbero trasnochado”. Creo que puede ser un ejemplo de argumento mediante insultos. ¿Ayuda a posicionarse? No creo: convence a los convencidos. ¿Aporta información clarificadora? Tal vez en el resto del artículo, sí aunque discutible, pero no en esta traca final. Pero así es la lucha “revolucionaria” como también es así la lucha reaccionaria. Obviar en la “lucha”  que “la verdad os hará libres” es pasar de una opresión a otra. Otros (los nazis) dijeron que lo que hacía libres era el trabajo (en los campos de concentración).
Hay un elemento que explica esta forma de argumentar: la psicología del ex y frente al ex. En muchos grupos humanos se rechaza con más virulencia lo que pueda decir un ex-miembro que lo que digan los extremos contrarios. Igualmente, los ex-miembros tienden, como norma general con honrosas excepciones, a expresar actitudes negativas hacia el grupo al que pertenecieron. Creo que ahí reside una de las posibles explicaciones del insulto contra el antiguo miembro del propio grupo y la agresividad del que ha sido miembro de un grupo hacia este otro grupo. Podrán descargar adrenalina, pero no aportan información (ni entretienen) y, en cualquier caso, no constituyen un paso importante hacia la libertad. Importante, importante, tampoco los que lo evitan cuidadosamente.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante- como continuación de lo publicado aquí anteayer)

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