miércoles, 26 de marzo de 2014

Engañar(se) en España

No son privativas de España. Se dan también en muchos otros sitios. Pero mis ejemplos los tomo de dicho país. En estos días estoy constatando dos formas claras (y relacionadas entre sí).
I. La primera consiste en el dicho de "arrimar el ascua a su sardina". Ante las Marchas de la Dignidad que confluyeron en Madrid el sábado 22 y el domingo 23 hay versiones como las siguientes. 
1.Versión de algunos participantes en la manifestación de Madrid: toda la culpa de la violencia la tuvieron los policías, atacando a los manifestantes pacíficos que todavía estaban escuchando a Beethoven en la plaza de Colón.
2. Versión paralela y confluente: toda la culpa de la violencia la tuvieron los infiltrados de la policía que tenían la consigna de provocarla. Como ha habido casos anteriores de tal infiltración, también los ha habido ahora (con pulsera identificadora del "no me pegues, que soy compañero").
3. Versión de algunos (sindicatos de) policías: toda la culpa de la violencia la tuvieron los mandos policiales que, incompetentes como en el caso de Melilla, no supieron organizar la defensa del orden público y dejaron "indefensos" a un grupo de policías. Acción-reacción y espiral de la violencia.
4. Versión dominante en (algunos) medios: toda la culpa de la violencia la tuvieron los radicales (en particular, unos gallegos, partidarios de ETA) que, muy bien organizados y entrenados, fueron precisamente a por la policía y a montar todo el lío que se pudiese.
Moraleja: la violencia no deja ver lo admirable de las Marchas y las razones de las mismas y de la manifestación que siguió. El gobierno, muy inteligentemente, se aprovecha de estas versiones parciales para trasmitir su defensa del orden público y su rechazo de la violencia "venga de donde venga". ¿Se discuten los motivos de las Marchas? No. Se rechaza,  lo más retóricamente posible, toda violencia. Y nada más.
II. La otra forma de engañar(se) es a propósito de la muerte del ex-presidente Adolfo Suárez, anunciada con 48 horas de anticipación, y seguida de un "entusiasmo indescriptible" con alabanzas y homenajes de un personaje que fue "crucificado", traicionado, vilipendiado y aislado por propios y extraños y que ahora se presenta como bueno, sin mezcla de mal alguno. Engañar(se) por exceso de entusiasmo.
No vendrá mal recordar los artículos de Karl Marx en torno a la Constitución de Cádiz, la de 1812, publicados en el New York Daily Tribune y traducidos aquí. Con su peculiar versión del racismo teutón hacia los pueblos mediterráneos (emotivos, poco trabajadores, derrochones), Marx comenta sobre la propensión de los españoles a entusiasmarse por lo que después rechazarán y, viceversa, expresar rechazo hacia lo que después será objeto de entusiasmo. En ambos casos, exceso de entusiasmo que no ayuda mucho (como en el caso de los intereses sobre el "ascua" y la "sardina" en el ejemplo anterior) a entender lo que realmente sucede.
Puedo asegurar y aseguro que algunos de los que han rendido sus respetos al féretro de Suárez como el "mejor presidente que hemos tenido" (lo decía la panadera de mi pueblo con lágrimas en los ojos), también lo hicieron, cuando jovencitos, ante el féretro de Francisco Franco. Pero esa es otra historia.
La historia, aquí, es la de una divinización acrítica de un personaje humano. Divinización (como canonización) significa que se borran todos los posibles defectos del humano (que, por definición, los tiene) y se ensalza su figura por encima del resto de los mortales, que no conseguirán tan excelso tratamiento.
E inmediatamente viene la utilización fría y racional del entusiasmo ajeno. En primer lugar, por parte de la familia, pero eso sería especulación por mi parte (que la hago, pero que no trasmito, basada en argumentos "que se quiebran de sotiles"). Pero, sobre todo, por parte de la clase política en general y del gobierno en particular que encuentran en este entusiasmo teatralizado al máximo un mecanismo para recuperar la confianza perdida en políticos y gobernantes y, en el caso del partido en el gobierno, de recuperar algún voto perdido. Tendremos aeropuertos, calles, avenidas, títulos de hijo predilecto que llevarán el nombre del ex-presidente fallecido, olvidando sus rasgos "humanos, demasiado humanos" y adjudicándose sus méritos (que, claro está, también los tuvo).
Dos ejemplo, pues, de engañarse y ser engañados en España. Hay más, sin duda. Y no solo en España, claro. Todo sea por la causa. Lo que falta saber es qué causa y de quién.
(Añadido el 28: interesante artículo sobre el 22M, con breve referencia a la Transición y a Suárez, y alguna respuesta a esta última pregunta)

2 comentarios:

  1. Tortosa.

    Estimado José María: Repasando los comentarios sobre los sucesos candentes, que se encuentran en la Red, he topado con un viejo amigo que eres tu. He leído y reeleido el tuyo, y estoy de acuerdo en casi todo. Es lógico que discrepemos en algunas cuestiones sin importancia. Tu sabes perfectamente, que es imposible la concordancia de dos mentes cualquiera. De lo contrario seríamos como robots idénticos, en un mundo fantástico donde la Entropía fuera nula. Recuerdo que la última vez que nos vimos, (Era con motivo de la Boda del hijo de Juan Antonio) a mis palabras elogiosas al marxista heterodoxo Gustavo Bueno... ¿Y quien no es heterodoxo no sólo de Marx, sino de Freud, Karl Popper, Hanna Arendt... O de la misma Susan Haack, erudita en la lógica polivalente de Łukasiewicz.

    Digo que me dejaste sorprendido, con tu gesto de desprecio ante un hombre que en allá época se mostraba interesado por un Programa televisivo famoso... ¡Y vulgar! que atraía a las masas como las moscas al excremento. Es lógico ironizar; como las personas medianamente cultas, por ese espacio despreciable. Lo que me extrañó, de ti, que te tengo por una persona extremadamente culta y además: Catedrático de una disciplina sociológica, mostrarás aversión despectiva por otro eminente Epistemólogo, además especialista antropológico, que se dedico entonces a estudiar detenidamente por el método Emic, es decir analizar un grupo ideológico extraño, desde su propia cognición (De ellos)

    Juzgar como extravagante por sus signos externos, como muchas personas, no es tu caso: ¿Entonces que razón oculta tenías? Que conste que Gustavo Bueno que se ha rodeado en Oviedo, de una Escuela parecida a la célebre y filo-Marxista de Frankfurt, no las comparto modestamente... Pero se merecen un respeto absoluto, aunque sus probables errores de un Racionalista - Que son seguro; mucho menores que los míos ▬ los rechace moderadamente.

    Te confieso: me intrigó entonces tu actitud displicente, y más teniendo en cuenta, vuestra común admiración a Marx. Yo también respetó su figura histórica, aunque no comparto completamente su concepción de la Sociedad. Porque abraza ingenuamente el maniqueísmo. ¿Serias tan amable de aclárame brevemente: en lo posible, esta cuestión que me dejo perplejo?

    Un abrazo muy fuerte

    José Luis Jordán Peña - pharos.to@gmail.com

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    1. Hola, José Luis, viejo amigo
      No recuerdo mi gesto de desprecio al que te refieres (el que se casaba ya tiene dos hijos). Puede ser una interpretación tuya o puede ser un gesto inadvertido por mi parte hacia el programa y no hacia el personaje al que no tengo ningún motivo para despreciar. Al contrario.

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