martes, 25 de marzo de 2014

El que rompe, paga

Se refiere, aquí, a Libia, donde para derrocar a un cambiante líder se destrozó un país. Que el líder era cambiante lo digo porque fue enemigo, amigo y enemigo acérrimo a lo largo del tiempo. Si con Reagan era malo-malísimo, después resultó bueno-buenísimo, con abrazo al rey de España incluido, visita del ministro socialista de asuntos exteriores del dicho país y, antes, regalando un caballo al presidente Aznar, su amigo. No digamos nada de la visita a Berlusconi y de la financiación a Sarkozy. Pero resultó que era malo y que había que quitarlo por bien de la democracia. Tal vez porque, gracias a aquellas relaciones tan estrechas, los líderes mundiales de Occidente (lo de "mundiales de Occidente" tiene su aquél) descubrieron que era un dictador malo-malísimo y que Reagan tenía razón al enviar la flota a patrullar las costas de Libia, incluyendo la del pueblo que se llama como el pueblo español en el que nací, Albaida, "la blanca" en árabe. Probablemente (nueva ironía) descubrieron que había otros intereses de por medio y que el tal Gadafi no respondía convenientemente a ellos. Cosas que tenían que ver con dólares, bancos, petróleo y fronteras, por citar unos pocos. Y allá que fueron los líderes mundiales de Occidente a arreglar tal desaguisado y a "democracy building" que es lo propio. Y fue el desastre. 
Con aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, los líderes mundiales etc. se aliaron con movimientos y organizaciones muy heterogéneas (yihadistas, secesionistas, controladores de petróleo, invasores, mercenarios, bandidos) y, una vez derrocado el líder, llamaron paz al destrozo que habían producido. Una vez más, ubi solitudinem faciunt, pacem appellant. 
Y van a ser tan irresponsables como en otras ocasiones. Fueron irresponsables metiéndose en tal berenjenal sin conocer bien el asunto y son irresponsables porque no van a pagar por los platos rotos. Nadie les va a castigar expulsándolos del G-8 para que sea G-7 cuando ya funciona el G-20.

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