jueves, 20 de febrero de 2014

Venezuela (y otros): apoyos y motivos

En The Guardian un periodista afirma que el apoyo de los Estados Unidos a la oposición venezolana es un error. Prescindo de qué puede significar ese "error" (medio que no lleva al fin, política rechazable moralmente o lo que sea). Pero como en el caso de Siria o de Ucrania , pone sobre la mesa una complicada distinción.
Por un lado, es visible y demostrable que, en los tres casos, el gobierno de los Estados Unidos está apoyando, aunque no sea más que verbalmente, a los tres movimientos opositores a sus respectivos gobiernos. En el caso de Siria y Ucrania, sus gobiernos están siendo apoyados (con mayor o menos visibilidad) por el gobierno ruso, como Obama acaba de comparar. Y el gobierno venezolano por el cubano, como bien se encarga la oposición de afirmarlo como la oposición ucraniana agita el rechazo (histórico) a Rusia. Observación al margen: la mejor manera que tienen los chavistas de desmontar la acusación de recibir apoyo cubano no creo que sea exagerar tal acusación hasta hacerla absurda. Excusatio non petita...
Sobre este asunto se puede discutir de manera interminable y, claro, cada cual encontrará apropiado el apoyo solidario de los propios y rechazará que los "otros" estén apoyando indignamente a los "otros". Además, siempre queda la duda sobre el valor de estas acusaciones de apoyo a unos y de ataque a los otros ya que no siempre tienen una base real (pueden apoyarse en interpretaciones de frases de mandatarios estadounidenses o rusos), a veces la práctica es apoyar a ambos (por ejemplo con el comercio de armas) y otras oculta la cooperación en otros campos que se establece entre los aparentemente opuestos (por ejemplo, Venezuela, es decir, la estatal PDVSA, es el cuarto proveedor de petróleo a los Estados Unidos, es decir que el "imperio" es nuestro cliente y no necesita esa "lucha internacional sempiterna por controlar el petróleo venezolano").
Pero, por otro lado, no estaría mal discutir qué motivos o razones llevan a la oposición a echarse a la calle, enfrentarse con las "fuerzas del orden" y plantear alternativas que no siempre van acompañadas de medios apropiados para alcanzarlas: la protesta en la calle derriba a un gobierno cuando este es débil (no se olvide que los castristas no derribaron al gobierno cubano de Batista sino que lo ocuparon cuando se desmoronó). Tres casos muy diferentes (aunque en los tres, con una oposición dividida) y, para el caso venezolano, con un buen análisis aquí donde, al margen de peleas internas dentro de la oposición y manejos desde fuera, se reconoce que hay problemas: 
Claro que en Venezuela hay serios problemas económicos (¿recordamos que hay una crisis mundial?), no menos serios problemas de seguridad (vinculados a un complejo entramado de causas donde no es la menor un modelo de consumo que te hace creer que si a los 15 años no tienes ya todo eres un perdedor) y problemas igualmente graves de gestión administrativa (donde la corrupción endémica del país sigue siendo una asignatura pendiente pese a los arduos intentos del Gobierno por atajarla). La condición petrolera del país genera problemas estructurales contra los que aún no se ha encontrado una solución eficaz, pero de nada ayuda la permanente espada de Damocles del golpismo para enfrentar los problemas pendientes.
Cuando ganó Maduro, una buena conocedora de Venezuela me manifestaba su preocupación por la excesiva presencia de armas en manos privadas (nada de "monopolio -estatal- de la violencia legítima" sino "democratización" de la misma, ya no tan legítima). A un lado y a otro, y su origen sería interesante conocerlo. 
A pesar de las muchas diferencias, pensar en Venezuela mirando a Siria y a Ucrania puede ayudar a entender qué sucede. Lo que no ayuda es discutir interminablemente sobre los apoyos de unos y otros y no poner sobre la mesa los motivos que llevan al enfrentamiento, se considere legítimo o no. Ucrania podría convertirse en una Siria, con su creciente número de muertes innecesarias cuyos responsables están lejos de los huérfanos, viudos y viudas.

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