miércoles, 26 de febrero de 2014

Venezuela: el ascua y la sardina

A pocos días de la victoria electoral de Maduro (porque victoria fue, aunque el Departamento de Estado primero dijera que no y después que sí), una colega, que había hecho investigación en Caracas, me trasmitía su preocupación por la posible violencia que tal polarización podía generar ya que había constatado abundancia de armas en todos los sectores con los que había tratado.
Lo de la polarización política es evidente. Pero no se corresponde con la polarización social. Es difícil de creer que “el pueblo” votó por Maduro y “la burguesía” por Capriles. Demasiada “burguesía” para un país que ocupa, según la CIA, el puesto 69 en desigualdad de rentas (más igualitario que los Estados Unidos -puesto 41-, pero menos que España -puesto 104-).
Lo que no es tan evidente es que estemos ante una nueva maniobra del “imperio” para hacerse con el petróleo venezolano cuando Pdvsa, la estatal petrolera venezolana, está en el cuarto puesto entre los proveedores de petróleo a los Estados Unidos. Item más: Según la Agencia Internacional de la Energía, los Estados Unidos podrían no necesitarlo pronto.
No me las doy de experto en Venezuela por el hecho de haberla visitado fugazmente un par de veces y tener amigos, con los que me escribo de vez en cuando, en todo su espectro ideológico: desde los más forofos chavistas a los más viscerales anti-chavistas.
Subrayo el carácter emocional de las posiciones extremas porque la lectura de artículos sobre el tema me lo tiene que hacer pensar. Es cierto que el régimen ha tenido aciertos. He visto hasta diapositivas de colegas que han visitado el país y que muestran los logros alcanzados en estos años de revolución bolivariana. Reducción de la pobreza y, por supuesto, del hambre, incremento del índice de desarrollo humano, aumento de inversión en educación en general y en la universitaria en particular, mejora de las prestaciones sociales básicas. Les creo porque, además, algunos de esos datos los proporcionan agencias internacionales en las que es cierto que “de ellas viene lo que a ellas va”, pero que no van a deformar excesivamente las estadísticas.
También es cierto que el régimen ha tenido fallos. Otro colega español, visitante asiduo del establisment venezolano, después de hacer una defensa de los logros como en el caso anterior, añade en passant: “Claro que en Venezuela hay serios problemas económicos (...), no menos serios problemas de seguridad (vinculados a un complejo entramado de causas donde no es la menor un modelo de consumo que te hace creer que si a los 15 años no tienes ya todo eres un perdedor) y problemas igualmente graves de gestión administrativa (donde la corrupción endémica del país sigue siendo una asignatura pendiente pese a los arduos intentos del Gobierno por atajarla). La condición petrolera del país genera problemas estructurales contra los que aún no se ha encontrado una solución eficaz (...)”.
Son dos casos excepcionales: el primero, porque baja a detalles cuantitativos y el segundo porque, sin abandonar su postura pro-chavista, no por eso deja de reconocer los problemas que están detrás de las reivindicaciones de los manifestantes supuestamente “golpistas” y “fascistas”, vistos desde la otra orilla que también podría ser llamada tal. Porque lo frecuente son versiones en blanco y negro, con los colores repartidos según a quién se esté defendiendo.
Un truco utilizado por ambos bandos es el de exagerar las pretensiones del contrario para así poderlo deslegitimar mejor. Es un truco conocido. El otro es recurrir a “quién está detrás de esto”: por una parte, la acusación de que se trata de una injerencia más del “imperio”, para así no tener que reconocer que algo se está haciendo mal dentro; por otra, la acusación de que se trata de una injerencia de Cuba (y los bolivarianos de Bolivia y el Ecuador), para así no tener que reconocer las divisiones internas de los opositores (como las hay dentro del chavismo de un “autogolpe” favorable a Diosdado). 
Tanto las exageraciones como estas acusaciones tienen el efecto de confirmar en la fe a los propios creyentes, rechazando a los creyentes de la fe contraria y atrayendo a la verdadera fe a los indecisos. Nada nuevo.
Para complicarlo, el gobierno, como el de aquí, afirma que tiene la legitimidad de las urnas para hacer lo que les venga en gana aunque vaya a favor solo de una facción muy pequeña del electorado. Aquí quizás no, pero allí sí, el problema puede ser el de la violencia. Sin llegar probablemente a Siria o Ucrania. Ojalá no lleguen.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Los datos de Gallup sobre las opiniones sobre la economía, el bienestar y la seguridad expresadas por los venezolanos encuestados se pueden ver aquí
safety
Este es un ejemplo de los gráficos que se pueden consultar en la fuente que cito)
(Interesante artículo aquí desde la izquierda no-chavista, que haberla, hayla)
(Otro comentario interesante del que extraigo esta frase porque indica que hay cosas comunes con otras situaciones distintas y distantes:
Muchos opositores acostumbrados al modelo vertical de organización leninista de la era analógica, exigen permanentemente que las protestas “tengan una dirección” y “exigencias comunes”.
Su autor, desde Venezuela, espera seguir teniendo conexión a internet para poder seguir contando la evolución del conflicto. Porque no me dirán que no hay conflicto). 

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