viernes, 7 de febrero de 2014

Prietas las filas

Es fácil estar de acuerdo con quien dice que la Iglesia Católica no es la única institución que reacciona ante sus propios escándalos cerrándose en banda. El caso de la Iglesia Católica está en el noticiario por el informe de Naciones Unidas sobre sus reacciones ante la pedofilia de algunos de sus miembros. Comprensible que el primer mecanismo de defensa sea la negación. Hay más, obviamente, como el desplazamiento (echar balones fuera), la proyección (cree el ladrón que todos son de su condición), la racionalización (teorías, explicaciones muy elaboradas para no tener que afrontar el problema en su crudeza), la represión (no dejarlo aflorar) o la regresión (la vuelta atrás).
Los ejércitos y sus problemas con la actividad sexual de sus miembros (homo y hetero) es otro ejemplo clásico.
Un caso particular es la corrupción dentro de los partidos políticos.
Como tantos otros ataques desde el exterior, la percepción de un "enemigo" externo hace que, dentro, se cierren filas. Algunas reacciones eclesiásticas ante el informe de Naciones Unidas son un buen ejemplo. Es comprensible que a unos y otros les resulta muy difícil decir: lo siento, me he equivocado, no volverá a pasar... y tomar las medidas necesarias para que sea así.

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