martes, 18 de febrero de 2014

La austeridad no es un mito

No conozco el libro (Austerity. The history of a dangerous idea) ni al autor (Mark Blyth), pero sí algunas de sus ideas expuestas en esta entrevista. A partir de ellas y sin basarme en la autoridad del autor:
1. No tiene mucho sentido plantear la cuestión de la austeridad como si fuese solo económica y solo terreno privado de los economistas que, evidentemente, tienen mucho que decir, pero no todo.
2. Tampoco parece razonable plantearla como si solo fuese una equivocación de nuestros amados líderes. Equivocación comprensible dada la turbulencia atravesada, pero equivocación al fin y al cabo.
3. Se podría pensar, de todos modos, que el "austericidio" se ha perpetrado con buena voluntad pensando (con lo mejor de los economistas en la mano) que era el único medio (TINA, There Is No Alternative) para afrontar la turbulencia y volver al crecimiento económico y, con él, al aumento del empleo.
4. Es falso lo de "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora toca apretarse el cinturón". La segunda parte de la frase es programática, mientras que la primera es empíricamente errónea.
5. La pregunta de fondo es clásica: cui bonum, a quién beneficia. Porque es obvio que en las políticas de austeridad hay ganadores y perdedores. No es exagerado decir que los que han producido esta situación son también los ganadores, mientras que los perdedores son "los de siempre".
6. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, las políticas de austeridad se están usando por parte de los ganadores como un medio más de afianzar su posición en la sociedad. Búsqueda del poder y privilegio por parte de unas clases sociales contra otras. O, si asusta la palabra, de unos grupos sociales bien situados contra otros vulnerables (convertir en cuestión de palabras lo que es cuestión de hechos tiene su papel si las palabras denotan y connotan, pero deja de tenerlo si lo que hace es ocultar la realidad de las cosas).
La austeridad es una práctica concreta cuyo sentido queda patente cuando se sitúa dicha práctica en un contexto no solo económico sino también político y social. 

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