martes, 11 de febrero de 2014

Identidad frente a libertad lingüísticas

Hace poco recibí, en un correo, un trozo de una película en la que una catalana recibía las órdenes de hablar en castellano. La cosa venía en términos cotidianos, pero es cierto que el franquismo había intentado la inmersión lingüística de todos sus súbditos. La identidad española incluía el que todos los españoles hablasen "la lengua del Imperio". Y si se hablaba en otra de las lenguas de la Península, en particular, en catalán, el "no me ladre" era de rigor. Cosas del nacionalismo españolista.
Ahora el problema es el del nacionalismo catalanista que intenta la inmersión lingüística de todos los habitantes de la Cataluña estatutaria (desconozco qué sucede en el Valle de Arán). La identidad catalana incluye que todos los  que "viven y trabajan (o están parados) en Cataluña" hablen la lengua propia de la Comunidad Autónoma que los líderes de algunos de sus partidos, con evidente apoyo popular, quieren trasformar políticamente en Estado.
No recuerdo en mi infancia ninguna manifestación a favor de la inmersión lingüística en el castellano. Ahora la hay a favor de la inmersión lingüística en el catalán.
El asunto ya me interesó hace treinta años: es difícil compaginar la libertad de unos y otros cuando de identidad se trata. El nacionalista español que quiere que su Estado sea una nación, tiene muy claro que tiene que "españolizar Cataluña" mientras que el nacionalista catalán que quiere que su nación sea un Estado, tiene muy claro que tiene que defender su lengua frente a la invasión de la otra. ¿Problema? En tiempos de Franco, los que se resistían a la castellanización y escondían el catalán en el terreno privado. Ahora, los que se resisten a la catalanización y quieren que sus hijos reciban suficiente educación en castellano. No dicen, hablo de las familias que lograron un fallo judicial en Cataluña, que quieren que a sus hijos se les eduque únicamente en castellano sino que aceptan el predominio de la "lengua propia" de Cataluña aunque no sea la de ellos. 
En definitiva, la identidad de unos se logra mermando la libertad de otros. Y viceversa.

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