miércoles, 12 de febrero de 2014

El precio de los recortes

Un amigo boliviano se me quejaba el otro día de la imprevisión de su gobierno ante las recientes inundaciones en su país. Hay casos peores y lo cuenta el poco sospechoso al respecto Financial Times. Hay que registrarse para leer la noticia, pero el asunto es claro: cuando el gobierno británico decidió, en aras de la austeridad, recortar la financiación de algunas agencias gubernamentales (la de Medioambiente en concreto), recibió el aviso por parte de los expertos: tendría mayores dificultades para afrontar inundaciones como las de estos días. Es decir, que se podía prever 1. las inundaciones y 2. que la austeridad tiene efectos secundarios además de mantener presupuestos robustos. Al fin y al cabo, eso es la política: elegir entre posibilidades. Y, muchas veces, cuando se elige una, se niega la otra. 
Volviendo a Bolivia y demás bolivarianos, así resumía Eduardo Gudynas el desfase entre retórica política y práctica real distinguiendo entre gobiernos progresistas y gobiernos de izquierdas:
los discursos por la Pachamama se distancian de la gestión ambiental, se cita a Marx y Lenin pero los acuerdos productivos son con corporaciones transnacionales, se reivindica la industrialización pero prevalece el extractivismo, se dice responder a los movimientos sociales pero se clausuran organizaciones ciudadanas, se felicita a los indígenas pero se invaden sus tierras, y así sucesivamente.
La ventaja del gobierno británico es que no es ni progresista ni de izquierdas, así que puede recortar con mucha mayor tranquilidad retórica, aunque viendo al español, algo de retórica sí que le queda. En todo caso, el precio de tales recortes es como si no existiese. Que se lo digan a los ingleses, incluso a los que dicen que no hay que echar la culpa al gobierno.

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